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 sábado, 27 de mayo de 2006  
La conquista del Moma

Aníbal Fucaraccio / La Capital

Uno de los templos del arte y la cultura del mundo, el Moma (Museo de Arte Moderno) de Nueva York, seleccionó una obra del arquitecto rosarino Mario Corea (el Centro de Salud de Santa Eulalia) para una muestra de arquitectura contemporánea española que se inauguró el pasado febrero. Allí se expusieron 36 proyectos que se encuentran en etapa de desarrollo y 18 obras finalizadas recientemente en la península ibérica, entre las que figuran realizaciones de Rafael Moneo, Frank Ghery, Jacques Herzog y Pierre Meuron, Zaha Hadid, Jean Nouvel y Richard Rogers.

Corea -autor del Centro Municipal Distrito Oeste Felipe Moré y del nuevo Hospital de Emergencias Clemente Alvarez, ambos en Rosario-, trabaja desde hace tres décadas en Barcelona y fue el responsable, junto a Lluis Morán, de este edificio de salud, una obra pública de 2.200 metros cuadrados ideada para facilitar la atención médica a una población de 24 mil habitantes de Ibiza.

El Centro de Asistencia Primaria de Santa Eulalia es considerado el mejor de las islas Baleares. No sólo por sus cualidades estéticas sino fundamentalmente por sus criterios sanitarios, similares a los que se aplicaron en la construcción y desarrollo del nuevo Heca de Rosario.

Mario Corea, nacido en nuestra ciudad en 1939, reconoció al diario de Ibiza que el edificio es el resultado de la influencia ejercida por la arquitectura tradicional de la isla (su "especial y excepcional luz") y el arte de su maestro, Josep Lluis Sert.

El profesional rosarino, que acumula una extensa y fructífera carrera profesional reconocida con innumerables premios, exposiciones y publicaciones en Europa y América, consideró que exponer en el Moma "es como para un cantante de ópera actuar en la Scala de Milán".

La satisfacción de Corea -que ya lleva 30 años lejos de su ciudad natal- se incrementa por el hecho de que la obra seleccionada "no tenía un presupuesto desorbitado y además, al ser un centro de salud público, debía ser funcional porque iba a ser utilizado por muchas personas todos los días", comentó.

Por ese motivo, decidió guiarse por la influencia local. "Las construcciones deben integrarse con el entorno, sobre todo en una isla como Ibiza. Elegimos techos planos, paredes blancas y líneas sencillas. Este proyecto nos permitió mezclar un uso racional con elementos ibicencos de toda la vida. Sin hacer folclorismo, logramos una obra que pertenece a la gente de Santa Eulalia".

El arquitecto consideró además que la distribución del inmueble en varios volúmenes "mejoró la sensación de amplitud y de limpieza del proyecto", ya que "regala al usuario una zona exterior a modo de pequeña plaza".

Los cristales, además, ayudaron a incrementar la luminosidad de la obra.

Corea se reconoció enamorado de Ibiza y recordó con nostalgia la época en que era conocida por su "especial arquitectura", gracias a genios como el propio Sert. "Con él descubrí la esencia de la isla y la belleza de su arquitectura tradicional. Esta obra es como un homenaje".




Calidad en la obra cotidiana
El señor Riley, comisario de arquitectura del Moma, estaba por retirarse después de 18 años en ese cargo y decidió realizar una gran exposición. En primera instancia pensó en armar una muestra de espacios deportivos de firmas importantes. Entonces, pidió material sobre proyectos y obras a los arquitectos más calificados del planeta.

Para ese primer llamado, el rosarino Mario Corea mandó la pista de atletismo cubierta Parc Esportiu de Sant Oleguer, en Sabadell, y quedó seleccionado.

Luego, Riley fue a España para ver algunas de las obras y proyectos que había elegido y verificó la existencia de un resurgimiento. Recorriendo comprobó que la península ibérica volvió a ser punta en la arquitectura mundial.

  Para entender este aluvión de inesperadas sensaciones que invadió al comisario del Moma hay que tener en cuenta que España estaba en la cumbre de Europa (y del mundo) en 1992 en simultáneo con los Juegos Olímpicos de Barcelona. Pero después vino una debacle económica que provocó que el tren del liderazgo disciplinar lo tomara Holanda.

  Pero el representante del prestigioso museo comprobó que en los últimos años España recuperó su lugar fundamentalmente con la acción y colaboración de la obra pública. La muestra más palpable de esta aseveración fue que el 70% de las obras elegidas provenían de ese sector.

  Entonces Riley cambió de idea con respecto a la exposición y se le ocurrió plantear una muestra de la arquitectura contemporánea española. Así es como volvió a pedir obras a los arquitectos más reconocidos. Para esa ocasión eligió 36 proyectos y 18 realizaciones terminadas. Todas forjadas en los últimos cinco años.

  Luego de una cuidadosa selección, Corea se transformó en el único representante de Ibiza que había llegado a la exposición. La obra del Centro Santa Eulalia fue el único edificio de salud en la exhibición. “Es muy bonita, muy sencilla y muy ibicenca”, definió Corea. “Es como un homenaje a Sert”, repitió en relación a uno de los personajes que más lo marcó en su desarrollo profesional español.

  “Me parecía más representativo del trabajo del estudio el estadio de atletismo”, reconoció Corea. Sin embargo Riley le aclaró que el centro de salud fue elegido junto a un proyecto de Carlos Ferrater y otro de Rafael Moneo porque representan mejor la calidad de la arquitectura española en la obra cotidiana. “Es lo opuesto de la obra iconográfica de Jean Nouvel”, le dijo Riley. Y eso complació profundamente a Corea.

  En realidad, las autoridades del Moma buscaban con esta muestra exhibir los dos extremos de lo que se construye en España, desde la torre Agbar de Nouvel, hasta las sencillas obras de Ferrater, Moneo y Corea. “Eso me pareció fantástico porque me pusieron en el lugar donde quería estar”, expresó Corea a Estilo. “Siempre busqué darle un cierto grado de calidad a un tipo de obra que generalmente queda afuera de estas exposiciones”, subrayó.

  La tesis argumental de la exposición del Moma sostiene que actualmente España cuida y fomenta todo el abanico de la arquitectura, desde los íconos hasta las obras cotidianas. Además, queda claro que todas las temáticas están incluidas en el catálogo del Moma. Aparecen viviendas, museos, ayuntamientos, edificios de oficinas, centros de salud y otras construcciones de los más variados fines.

  Otro punto importante a la hora de desmenuzar el análisis de Riley fue que vio que la arquitectura española es un hecho que barre todo el territorio, no se ubica solamente en las grandes ciudades. Obras exhibidas de Murcia, Teruel y de la misma Ibiza avalaban esta línea de pensamiento.

  Esto —según Riley— demuestra que España es nuevamente el puntal de la arquitectura mundial, no sólo por algunos arquitectos de renombre internacional que construyen dentro de sus límites. Evidentemente, hay una dispersión muy positiva en su arquitectura contemporánea. Todos los temas y en todos los rincones del país.

Esas realizaciones son de algunas plumas ilustres pero también se destacan nuevos profesionales jóvenes con obras de gran virtuosismo. Por eso, cuando el hecho creativo es tan genérico, la conclusión es que España tendrá cuerda para rato en esto de marcar caminos en la arquitectura. Y dentro de sus máximos exponentes se destaca un rosarino. Nada menos. Una apuesta de carácter y amable

  El Centro de Asistencia Primaria Santa Eulalia del Río se resolvió como un sistema abierto predominantemente horizontal, integrando a su sistema la estructura, los flujos de servicios de personas, de materiales e instalaciones, las áreas servidas y las de apoyo. Dado el volumen del hospital, se consideró importante desarrollarlo en dos niveles, lo que resultó en un factor de ocupación del suelo del 60% sobre el total.

  La principal consideración de los autores fue la de adecuarse a las condiciones del lugar, tanto en lo referente a las características físicas (topografía, clima, orientaciones y geometrías), como a las socioculturales, ya que estas determinaron el carácter del edificio.

  En términos generales, tanto Mario Corea como Evangelina Dania apuntaron a construir un edificio amable y de dimensiones controladas. Esto se logró a través de la fragmentación de la obra en un cuerpo central y dos cuerpos laterales. Así se consiguió reducir el impacto visual que el edificio genera en un área residencial, donde las edificaciones son generalmente de planta baja más un piso.

  El edificio es principalmente de estuco blanco y cristal, tratando de respetar la luminosidad de la arquitectura de la isla española.

  No quedan dudas de que el carácter de edificio público está asumido, fundamentalmente, por el ingreso centralizado. Se llega a ese acceso a través de una amplia plaza inclinada que finaliza en un área con pórtico, donde se encuentran las puertas que dan entrada al vestíbulo en doble altura. Desde este, se puede acceder (a derecha o izquierda) a las distintas áreas asistenciales.


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