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 sábado, 27 de mayo de 2006  
Vinos: Anuario Brascó
El gran deschave
Miguel Brascó y Fabricio Portelli estuvieron en Rosario para presentar el libro donde explican en un lenguaje claro y entretenido las cualidades de 1200 vinos argentinos. Un mano a mano con especialistas

Silvia Lopresti / La Capital

Desde las páginas de su noveno libro dedicado al mundo del vino, Miguel Brascó anticipa que por primera vez encara un trabajo "sin socios ni laderos comerciales, asumiendo todo el riesgo y también el control". Tamaña demostración de sinceridad coloca al lector frente a un texto a todas luces confiable. Y es precisamente confianza lo que despierta el otrora dibujante, escritor y periodista (por sólo citar algunas de sus tantas facetas), ahora volcado totalmente a difundir las cualidades de los vinos argentinos.

El multifacético Brascó, junto a Fabricio Portelli, un joven sommelier al que el "maestro" define como "el analista de vinos más serio y confiable de la nueva generación", publicaron recientemente un Anuario 2006 de los vinos argentinos, que llegó a las librerías en enero de este año y que hasta hoy integra el ranking de los más vendidos. Antes de su presentación en Rosario invitados por la Fundación Libertad, ambos compartieron con La Capital sus experiencias en torno a la elaboración del libro que refleja las opiniones de dos generaciones, cada una con un enfoque diferente pero convencidos de que la última palabra la tiene el consumidor.

"En sesiones de seis horas cada una, tres veces por semana, probamos 1200 vinos, a razón de treinta por sesión. Fueron cinco meses de intenso trabajo, donde cada uno de nosotros calificó los vinos de más de $4, con puntajes de 50 a 100", explica Portelli.

"Cada vino está descripto en estilo llano, directo, sin tecnicismos ni jergas raras, porque el primer destinatario es el consumidor habitual durante las comidas, y luego, mis amigos los bodegueros, gerentes de marketing, enólogos, sommeliers, incluso, los periodistas", confía Brascó, y efectivamente le creemos.

Aunque el contenido "deschavado" del libro les haya causado "disgustos" con algunas bodegas, que según Brascó "están acostumbradas a que las guías de vinos sean para ellos y no para la gente", el Anuario 2006 (ya están preparando el del 2007 porque piensan largarlo antes que finalice este año) muestra, bodega por bodega ordenadas alfabéticamente, las variedades de las distintas cepas, año de cosecha, precio, y las puntuaciones con que tanto Brascó como Portelli califican el producto.

"Lo distintivo de esta guía es que refleja las opiniones de dos generaciones. La mía, tradicional y ligada al gusto del consumidor habitual de vinos durante las comidas, y la de Portelli, que valora más la calidad y la complejidad de los nuevos cepajes", afirma Brascó. A pesar de sus diferentes miradas, "en general, si bien hay una marcada diferencia de puntaje en algunos vinos, coincidimos, porque cualitativamente, cuando el producto es de buena calidad, sobresale", apunta el joven Portelli.

¿Y, cuál es el mejor vino?, me animo a preguntar. La respuesta no se hizo esperar de parte de Brascó: "el que más te agrada", dice, y agrega: "si te gusta el malbec, como conocedor te voy a incitar a probar distintas marcas para que encuentres el estilo que prefieras".

El anuario sirve también para brindar información y algunos "secretitos" que a los consumidores les sirven para contar "cuando destapan la botella". Es sabido que el que conoce de vinos está bien visto en familia o entre amigos. Esta nueva categoría o estatus de consumidor cobró impulso a partir de la proliferación de las cofradías o clubes de vinos, fenómeno que se remonta a la antigüedad pero que en el país recién tiene escasos 10 años.


De placeres y otras vides
"Mi primer acercamiento al vino fue a los 6 años, en la mesa familiar. Me lo ofreció mi padre, lo probé y me encantó. Lo tomábamos con soda", recuerda Brascó. En cambio, los comienzos de Fabricio Portelli, fueron bien distintos. "Fue por hobby -cuenta-. Me acerqué por el lado de la degustación por un placer personal y luego cursé la carrera de sommelier. Cuando devine en periodista empecé a compartir veladas con Miguel y nos fuimos entendiendo". Si bien confiesa que aprende junto a Brascó, "me siento su coequiper, porque los dos creamos juntos y nos retroalimentamos".

Entonces, ¿los gustos sobre vinos cambian de la mano de las nuevas generaciones? "Generacionalmente hay tendencias culturales que se manifiestan también en los vinos. Yo tiendo a favorecer los de consumo doméstico porque Argentina es uno de los cinco grandes productores del mundo. Esa cultura tiene una tradición, a diferencia de Australia, que no. La opinión de Fabricio es muy importante porque tiene una visión tan honesta como la mía, pero con una mirada moderna", reflexiona Brascó, a quien no le importa compartir con "la ilusión de la fama".

"En estos últimos años Argentina se ha enfocado hacia el mercado externo, cosa que antes no hacía porque nos tomábamos toda la producción. Esto motivó que muchos vinos cambien. Yo entré en el mundo de las vides en ese momento, en cambio Brascó viene siguiendo la evolución de los vinos de mucho tiempo atrás, donde tenían menos cuerpo, menos color, menos concentración y apenas eran más livianos en alcohol. En cambio ahora son más concentrados, con más estructura, a veces duros en la boca, sobre todo los tintos. Eso hace que se tomen con menos frecuencia en la mesa", apunta Portelli.

Esa nueva tendencia, inspirada en el gusto del consumidor internacional, hizo que las nuevas bodegas argentinas buscaran enfatizar la concentración en color y en aroma, y volcaran la producción a las exigencias del mercado globalizado, a pesar de la opinión de Brascó que insiste con que "los nuevos vinos no sirven para beber en las comidas".

En cuanto a las nuevas zonas vinícolas, Brascó comentó que Neuquén se destaca porque "pasó de no tener ninguna bodega a contar con 6 ó 7 actualmente, todas de calidad", dijo. Y entre las regiones que se perfilan con esta característica, mencionó una zona de la provincia de Neuquén hacia la cordillera, la costa atlántica de la provincia de Buenos Aires, La Pampa, Chubut y Sierra de la Ventana. De esta última apuntó que "algunos dicen que se parece a la Toscana italiana".

Lograr que dos especialistas hablen de sus preferencias a la hora de brindar puede convertirse en una difícil empresa, sobre todo porque se trata de paladares tenazmente entrenados para detectar las cualidades de los caldos. "Los vinos argentinos son los mejores vinos argentinos del mundo", contesta Brascó, y prosigue para no dejarnos la duda. "Me gustan los vinos franceses de la zona de Burdeos, elegantes y livianos, mientras que Fabricio, prefiere los italianos", completa.

Ya eran casi las 19 y el público presente en el auditorio de la Fundación Libertad aguardaba ansioso la presencia de ambos especialistas. ¿Cuál es su próximo proyecto?, le pregunto a Brascó, y como si algo faltaba para demostrar que se trata de un verdadero "maestro de vida", aseguró sonriente: "Ser feliz".
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El genio de Miguel Brascó aparece en cada uno de los textos del libro de reciente aparición.

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