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sábado,
27 de
mayo de
2006 |
Misceláneas de una charla
"¿Qué hacemos ahora?"
La fecha de la asunción se acerca y ante la pregunta sobre cuáles serán los primeros pasos dentro del establecimiento, Mónica Bertolini, Mónica Muñoz y Ana María Fortuna acuerdan en caminar despacio y conocer el funcionamiento de la institución. "No vamos a hacer lo que hacen los políticos que desconocen todo lo que hizo el anterior, siempre hay cosas buenas que rescatar", define Muñoz.
Entonces en una primera etapa la idea es conocer. La directora recalca: "Es una época de diagnóstico mutuo, todos los mecanismos de defensa están en alerta y los demás estarán pensando: qué me van a cambiar, qué me van a tocar, con qué me van a venir, tendrán en cuenta la tradición. Nosotras pensamos diagnosticar y ver en qué escuela estamos trabajando, qué se está haciendo, respetaremos aquello que sirve y cambiaremos lo que necesite ser cambiado sin alterar la identidad de la escuela".
Igual Bertolini señala un aspecto que le interesa seguir desarrollando: "Es una escuela que trabaja bastante con la comunidad y eso me encantaría seguir trabajándolo y reforzar. La comunidad es la que legitima a la escuela, entonces cuanto más nexo y trabajo e integración haya con la misma, mejor. Claro que esto implica mucho trabajo extra".
El desafío
Pasaron las imprevisiones de los concursos, el abandono a la suerte de cada docente con su cargo, la ineficacia en la organización del ofrecimiento de los cargos. Y una vez más los docentes apelarán a su creatividad, a su esfuerzo para derribar las barreras. Mónica Muñoz concluye: "Esto es todo un desafío pero tenemos mucha esperanza, sino la tuviéramos no seríamos docentes y no estaríamos acá".
"¿Tomamos un café?"
"Nos conocimos acá. A pesar de que ella dice que de algún lado nos conocemos, no sé, de algún curso puede ser". Mónica Muñoz comienza así el diálogo con su colega Mónica Bertolini, ambas han concursado para cargos directivos y han elegido la Escuela Nº 6.055 para desempeñarse. A pocos días de asumir sus nuevas tareas, las docentes que conformarán el nuevo equipo directivo de esta escuela de la zona norte de Rosario, como muchas otras no se conocen entre sí, no han tenido reuniones previas a la asunción, no saben de dónde vienen.
Durante la entrevista comienzan a intercambiar sus pareceres, sus puntos de vistas, sus deseos y objetivos ante el nuevo desafío. Al finalizar la charla, la noche ya estaba instalada, sin embargo la directora formuló la invitación: "¿Y si tomamos un café?, charlamos un rato, vamos viendo algo...". Las otras dos aceptaron encantadas comenzar a andar el nuevo camino.
Abandono y desorganización
Mónica Muñoz está convencida de que para que las cosas sigan saliendo bien en la escuela dependerá más de su trabajo, que de un posible acompañamiento oficial en su tarea. Ana María, que luego de 31 años de docencia y de varias peripecias pudo acceder a un cargo directivo titular, muestra sus diferencias con la forma en que se dio el ofrecimiento de cargos. "Se hizo en Santa Fe, cuando tendría que haber sido en Rosario porque para eso se regionalizó el examen. Esto no es todo, nos reunieron a todos en un lugar chiquitito donde la gente era tanta que se atropellaba, todo fue muy desorganizado", dice.
"No existió la más mínima planificación, tienen recursos humanos de sobra pero la desorganización fue total", agrega Mónica Bertolini. Las tres se quejan del maltrato innecesario que pasaron con las demás colegas en las distintas etapas transitadas: desinformación, tener que completar planillas tres o cuatro veces, desentrañar los instructivos que no se entendían o participar de cursos con 800 personas.
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