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domingo,
19 de
marzo de
2006 |
Trastornos emocionales de los hijos
Los desajustes infantiles de orden emocional no se deben sólo a los niños, sino que envuelven también a los padres. Así es como detrás de niños nerviosos, egoístas, inaguantables, abúlicos o agresivos, puede haber padres muy ocupados, indiferentes o fríos ante los problemas planteados por los hijos.
Muchas veces estos problemas, al ser soslayados pero no resueltos, provocan los desajustes emocionales que tanto asustan a los padres.
Difícil ha sido siempre el proceso de educar, es decir de formar una persona equilibrada, justa, madura y dispuesta para la vida de relación. Ante esto hay que empezar por recurrir al sentido común flanqueado por el amor, la generosidad y la entrega. Es una formula infalible, tan infalible como difícil de llevar a la práctica.
"Darse a los demás es, en efecto, la meta que el ser humano ha de alcanzar para tener un desarrollo psicológico completo y para adquirir una personalidad completa, independiente, creativa, original, capaz de ayudar, de guiar y de proyectar", dice el doctor Egidio Santanché. De este enunciado se deriva que los padres que desean formar a sus hijos para que vean la necesidad de ser generosos, deberán derrotar el egoísmo y el deseo de posesión que son fuente de ansiedad, tensión y frustraciones.
Los padres han de ser generosos dedicando a los hijos el tiempo que podrían destinar a la distracción o al descanso. Es un trabajo importante al cual se oponen diversos obstáculos, entre otros, la falta material de tiempo.
En esta etapa del año en que suelen organizarse las actividades del año, es conveniente reflexionar en el tiempo que dedicamos a saber cómo son realmente nuestros hijos. Es importante conocer su carácter, reacciones, gustos, su modo de discurrir, su sentido de la realidad, su humor y necesidades vitales.
Cuando un niño se aferra a los padres y por las noches se despierta con pesadillas y les dice que no lo suelten, antes de preocuparnos y pensar que está caprichoso o pretende cosas imposibles, sería bueno preguntarse si simplemente está pidiendo los padres que le pertenecen por derecho propio y que le son arrebatados demasiadas horas al día.
Quizás sea una buena reflexión volver a evaluar el tiempo que pasamos disfrutando de la compañía de los hijos.
Marta Franch de Stevenazzi
Orientadora familiar ASI
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