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sábado,
10 de
diciembre de
2005 |
Deslealtad
política
Poco me asombró la actitud del doctor Eduardo Borocoto. En numerosas ocasiones quienes incursionan en la política se mueven por intereses personales muy bien enmascarados en el momento que les toca persuadir al ciudadano común. Esto es lamentable y ha sucedido más veces de las previstas, acrecentando aún más el descreimiento de la población y su cansancio ante estos hechos. No importa la lealtad debida ni el mínimo respeto frente a quienes lo votaron, convencidos por su propuesta o aparente idoneidad. Deberían sin embargo sentirse más obligados que nadie en cumplir como corresponde para lo que se postularon, y respetando por ende el partido o fórmula que los llevó al lugar donde están. Es vergonzoso tanto oportunismo y burla descarada. Pocas cosas resultan tan desagradables como la traición a la buena fe de los votantes.
Nora Cardarelli, DNI 14.510.012
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