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 sábado, 24 de julio de 2004

La extensión de la obligatoriedad de la educación, a partir de la ley federal, originó un sinnúmero de polémicas en torno al destino de los 7º, 8º y 9º años de la EGB
Tercer ciclo: en busca de la propia identidad
En la provincia de Santa Fe conviven tres modelos diferentes de aplicación de la EGB 3. Abarca a unos 170 mil alumnos

Marcela Isaías / La Capital

La implementación del tercer ciclo de la EGB a partir de la ley federal trajo aparejada no pocas discusiones. Todas, de alguna manera, hablan de la falta de una identidad propia de esta etapa de la educación obligatoria. Mientras el debate sigue en torno a cuál será su futuro, desde las esferas oficiales se afirma que se trata de entender que la EGB 3 tiene un doble sentido: finalizar la EGB e iniciar la educación del nivel medio (ver aparte).

Es que, sin dudas, el tercer ciclo de la EGB es uno de los ejes que más discusiones ha generado en torno de la ley federal de educación. En rigor, comprende los 7º, 8º y 9º años de la EGB y fue creado con la extensión de la obligatoriedad de la enseñanza a 10 años, pero en nombre de esto se estructuró tomando distintos modelos en todo el país. En Santa Fe unos 170 mil alumnos de escuelas públicas aprenden en estos años.

La provincia de Santa Fe es un caso paradigmático del caos que generó la implementación de la EGB 3. De hecho, hoy conviven tres modelos diferentes en la misma jurisdicción, cada uno con problemas propios y comunes. Así, existe en la provincia de Santa Fe un 22% de escuelas (132 establecimientos) con la EGB completa, esto es los 8º y 9º años incorporados a la primaria, un 4% con el 7º integrado a los 8º y 9º años y al polimodal y el 74% restante -la gran mayoría- conviviendo en un sistema mixto: el 7º en la vieja primaria y los 8º y 9º años en la secundaria. Además, está el modelo generado para las escuelas rurales, apoyado en tutores y profesores itinerantes.

La decisión oficial de optar por esta forma mixta -fue en 1998 cuando María Rosa Stanoevich era ministra de Educación- para aplicar el tercer ciclo se debió a "la necesidad de favorecer y garantizar la educación a los sectores más desfavorecidos", otorgándoles la EGB completa, en primera instancia, a las escuelas llamadas urbanomarginales.

La medida originó una serie interminable de críticas y demandas. Presiones atribuidas a sectores políticos y sindicales, pero también provenientes de la propia comunidad educativa que entendía que si se trataba de un ciclo completo de la misma forma debía ofrecerse el servicio. A esto se sumó el miedo de un número importante de escuelas a perder matrícula al no contar con la EGB completa; muchas de las cuales -se demostró con el tiempo- tuvieron razón en su pedido.

En el medio de tales demandas surgieron como una alternativa los llamados convenios de articulación entre escuelas primarias y secundarias de una misma zona que prometían asegurar el tránsito de los alumnos por este ciclo educativo. Nada alcanzó, claro está, para subsanar la confusión generalizada que aún persiste en las escuelas y en los padres. Confusión que tiene su origen -entre otros males- en haber entendido a los cambios de estructura como sinónimo de reforma educativa.

La situación traumática para la escuela se multiplica si se la analiza en proyección a lo que ocurrió en cada provincia al decidir cómo ubicar los nuevos años de la EGB. Así, algunas optaron por pasar el 7º año a la secundaria, como el caso de Córdoba; otras los 8º y 9º años a la primaria, como Buenos Aires; y no faltó la creación de las llamadas "escuelas intermedias", como en Entre Ríos, donde se instaló aparte el tercer ciclo de la EGB. Y por qué no aquellas jurisdicciones que no adhirieron a la ley federal, tal el caso de Capital Federal, que aún mantiene las escuelas primarias y secundarias.

Es así que en la Argentina conviven 24 subsistemas educativos diferentes en estructuras, salarios docentes, programas de estudios y también en calidad de la enseñanza y aprendizaje.

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El tercer ciclo tiene un doble sentido.

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