Angustia, nervios, ansiedad, euforia. La familia Coria vivió y sufrió a la distancia la victoria de Guillermo. Instalados frente al televisor de su hogar en Venado Tuerto, papa Oscar compartió junto a su esposa la soberbia actuación de su hijo. Recién una vez que logró la victoria contra el estadounidense Agassi, pudieron liberar las tensiones. Después fue el tiempo de recordar los inicios del actual número uno del país. Así su progenitor contó a diferentes medios aquellos comienzos en que el Mago, con apenas cuatro años, jugó por primera vez un partido en Rosario. En Venado Tuerto, la ciudad entera se paralizó y siguió con atención la suerte de Guillermo. El movimiento por las calles no fue el mismo de cualquier día laborable. Los bares tuvieron una concurrencia atípica y la tranquilidad habitual contrastó con el grito eufórico de los parroquianos. Algunos postergaron sus tareas para más tarde. Otros se pegaron el faltazo a la escuela, como ocurrió con el hermano menor del Mago, aunque tuvo justificativo: debido a una enfermedad permaneció recostado en su habitación. Eso sí, pegado a la tele. Unos metros más allá, sus padres seguían el mismo ritual. Todavía exultante por la victoria, Oscar Coria reveló la personalidad de su hijo desde temprana edad, cuando siendo apenas un adolescente decidió emigrar con 13 años a Estados Unidos para perfeccionar su tenis. "Estaba jugando en Mar del Plata, y cuando regresó nos dijo que ya tenía decidido irse a Estados Unidos a entrenar. Y se fue por varios meses".
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