La "histórica" reforma que pretende encarar Eduardo Duhalde omitió (¿deliberadamente?) incluir a uno de los sectores que la mayoría de la sociedad viene condenando desde hace años: el gremialismo. No hay una sola mención, un solo párrafo del boceto de la ley que se refiera a la democratización del anquilosado aparato sindical, siempre funcional a los gobiernos peronistas. Los dos intentos por transparentar su funcionamiento terminaron con sus impulsores eyectados de sus respectivos gobiernos. La administración de Raúl Alfonsín intentó, a través de la conocida "Ley Mucci", abrir el juego gremial. Antonio Mucci tuvo que abandonar el cargo luego de intensas presiones de la CGT al líder radical. Más acá en el tiempo, Patricia Bullrich motorizó algo similar y tuvo la osadía de pretender que los jefes sindicales presenten declaraciones juradas de sus patrimonios. Resultado: la Piba cayó derrotada.
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