Año CXXXV
 Nº 49.325
Rosario,
domingo  09 de
diciembre de 2001
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El cazador oculto: A la sombra de una pesada cruz

Ricardo Luque

A fin de año, cuando el espíritu navideño enrarece el aire y la amenaza del feriado bancario se cierne sobre los hombres de buena voluntad que habitan el suelo argentino, los televidentes se tientan. Después de meses, semanas, días, horas y minutos de llenar sus tiempos muertos con esas imágenes y sonidos que incesantemente vomita la pequeña pantalla presienten el final y respiran aliviados. Sin asidero alguno, el fenómeno renueva sus esperanzas y los alienta a creer que, con el nuevo año y los cambios en la grilla de los canales, sus horas de ocio no irán a parar directo al tacho de basura sino que podrán aprovecharlas disfrutando productos televisivos de calidad. La despedida de Nicolás Repetto, la elección del ganador de "Gran Hermano", el largamente ansiado final de las telenovelas, sumado al anuncio del regreso de "CQC", hacen pensar en un futuro mejor. Pero no es así. El orgullo con que el gerente de contenidos de Telefé, Sergio Villarroel, habla de los éxitos obtenidos por el canal en la última temporada desalienta toda expectativa de cambio. El hombre está más que satisfecho con los resultados que logró con "Gran Hermano", el caballito de batalla de su gestión al frente de la emisora, y, como un avestruz asustado, no se hace cargo del impacto que causó en la televisión argentina el desembarco del formato de Endemol. Está claro, el boom de los reality shows hirió de muerte a los programas con invitados, algo que los actores que querían actuar no habían logrado, pero no propuso una alternativa mejor. Ni mucho menos. A la sombra de "Gran Hermano" nacieron "El bar", "Confianza ciega", "Reality reality", y hasta "Popstars". Se desató un revuelo parecido al que un par de años atrás despertaron los talk shows y, más recientemente, los programas de chismes vespertinos. La moda pasó, la televisión volvió a su cauce, pero algún exponente del género que causó el furor, inevitablemente, queda en pie. Entiéndase bien: la televisión cambia todo el tiempo, pero rara vez mejora. Esa es una cruz que los televidentes cargarán por siempre.


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