Una extraña oposición entre la política argentina y los políticos argentinos pareció dibujarse el domingo por televisión. Como si la política fuera una manifestación externa a la sociedad que la genera y como si la política argentina no fuera hecha por políticos argentinos. Es como si una obra de teatro no fuera protagonizada por sus actores y actrices y como si la puesta no obedeciera a los cánones de reconocimiento de sus espectadores. Se terminaron los mitines multitudinarios y las alocuciones a voz pelada. Quien no aparece en la pantalla de la televisión no existe. Pero esos que están en la tele, ¿no son los agentes visibles que construyen la política argentina? Y si es así, ¿no son un fiel reflejo de una sociedad, así como lo son sus deportes, sus artes, sus actividades económicas, en fin, su gente? El domingo la televisión mostró una sociedad, la Argentina de los argentinos, que le negó a los políticos argentinos, hacedores de la política argentina, la herramienta necesaria para transformar la sociedad argentina. Les demostró con un voto no voto que el camino es incorrecto. Aunque con una actitud que, sin quererlo, se transformará rápidamente en un boomerang. Porque andar se demuestra andando. Y no quedándose estático, mascullando bronca, maldiciendo políticos, los mismos que reciben los votos y la esperanza de la gente desde 1983, que hablan desde siempre de crisis y que fueron falsamente castigados con el voto bronca. Y nadie mejor para mostrar esa falacia que la televisión. "Fantástico", casi gritó Hugo Mario Melo cuando un fiscal de mesa extrajo de un sobre un voto a Aldo Pedro Poy seguido de otro a San Martín y otro con la leyenda "Dejen de robar". Tres ejemplos del voto no voto. Una elección que acabó debilitando al sistema democrático, dándole un nuevo crédito a los políticos argentinos y alimentando apatías por la política argentina, la única instancia de acción moderna que podrá salvar a la Argentina de los argentinos.
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