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Panorama
Antes y después de la vaca loca
La crisis sanitaria en Europa obliga a revisar las estrategias de promoción de la carne argentina

Susana Merlo

a reciente ampliación de casos de vaca loca en Europa reflotaron los temores de los consumidores, especialmente del Viejo Mundo, sobre la ingesta de carne vacuna, agudizando así el panorama de este producto.
En Argentina, habitual proveedor, el "golpe" se siente con particular magnitud y, aunque no es nuevo, ya que la afección viene siendo alertada desde hace años, así como sus posibles consecuencias, los últimos acontecimientos generaron algunos hechos sorprendentes.
A grandes rasgos se podrían mencionar tres grandes grupos temáticos: sector oficial, aspectos técnicos, medios y difusión.
Por caso, llama mucho la atención, por ejemplo, las contradicciones entre organismos oficiales como los dependientes del Ministerio de Salud y el Senasa (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria) respecto al ingreso de productos lácteos europeos, propugnado por el primero y rechazado por el segundo ante la falta de fundamentos técnicos -hasta ahora- para sostener tal restricción.
El problema es serio ya que puede implicar hasta un planteo comercial por parte de Europa ante lo que se puede sospechar de "paraarancelaria", algo que Argentina está acostumbrada a "sufrir", pero que criticó sistemáticamente en todos los foros internacionales. El cambio de posición constituiría, al menos, una sorpresa.
Dentro de este ámbito también llamó mucho la atención la "diferencia" de actitud de las máximas autoridades de Agricultura que, prácticamente no tuvieron presencia pública ante la situación planteada por rebrote de aftosa en la región, y que ahora, no sólo reaparecen hasta en conferencias de prensa de otros organismos, si no que profundizan una supuesta campaña de difusión en Europa con un próximo viaje de más de 15 días por 12 de las 14 ciudades más importantes del Viejo Continente con la "idea" de promocionar las carnes argentinas "libres" del mal.
Y aquí hay que hacer un paréntesis pues, si bien es absolutamente imprescindible comenzar a trabajar seriamente en la promoción de los productos argentinos, lo hecho hasta ahora dista bastante de lograr ese objetivo e implica, además, una cuestionable asignación de los magros recursos públicos.
No hace mucho, y también por la BSE, se logró una partida de 300 mil dólares que se aplicó a la publicación de un par de avisos en algún diario alemán. Ahora, este viaje, así sea mínima la comitiva, implicará una cifra similar pero, ¿qué se va a lograr?
Cuando un funcionario de categoría intermedia, como en este caso, va a Europa por un tema así, se reúne con dos o tres funcionarios de su mismo rango, con algunos importadores (que tienen muy claro el asunto y que, además, en la mayoría de los casos, conocen la Argentina) y, si tiene mucha suerte, con algún medio importante europeo pero que, difícilmente le va dar un espacio demasiado destacado al tema por dos razones básicas: porque el funcionario no tiene rango y porque no proviene de un país central. Esto, los que están en el tema lo saben.
Así las cosa, al igual que en el caso de los avisos, en el mejor de los casos se puede lograr un resultado positivo mínimo, aunque el tema permite que los funcionarios viajen y también algún periodista local.
Por el contrario, ¿cuál podría ser el resultado sí, con 500 mil dólares, o sea, menos del costo de la otra alternativa, se invitara por 15 días a la Argentina a 10 ó 12 de los más destacados columnistas del tema de medios europeos, se los hiciera recorrer el país, conocer sus productos y su gente, y se les mostrara todo lo que quisieran ver?
Sin temor a equivocarse, los resultados de esta última alternativa serían muy superiores y de muchísimo mayor plazo que en la anterior, pero...
Igualmente sorprendió el profundo desconocimiento y la falta de responsabilidad de muchos medios periodísticos que, antes que informar, sólo lograron alarmar a la población, muy alejada de pensar que semejante despliegue periodístico respondió más a la falta de temas por el verano, que a la preocupación pública por un tema que merece toda la atención, pero que la Argentina viene trabajando con absoluta seriedad hace casi diez años.
Por eso, debiera haber un "antes" y un "después" de la vaca loca que, al menos sirviera para encarar -en todos los planos- un trabajo responsable y que, cuando no sea así, reciba el cuestionamiento o la sanción correspondiente, sea a un comerciante, a un productor, a un funcionario o a un periodista. ¿Por qué no, si los errores o desmanejos se hacen con la plata de todos?


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