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 miércoles, 19 de abril de 2006  
La gran estafa. Es un célebre embaucador el sujeto apresado el lunes intentando colocar dólares falsos
Cae de nuevo el hombre que montó un fraude en la oficina de un intendente
En 2000 usó el despacho de Roberto Scott, de Venado Tuerto, para timar a un banco en 46 mil pesos. Había llegado allí simulando ser funcionario nacional. Se llama Hugo Mangiarelli y lo atraparon en Rosario por otro delito

El examen del prontuario de un hombre que anteayer intentaba hacer compras con dólares falsos en negocios de Italia al 900 reveló la identidad de un individuo conocido. No porque su nombre sea muy recordado. Lo es mucho más el descaro que lo impulsó, hace cinco años, a hacerse pasar por un funcionario nacional y estafar a un banco en 46 mil dólares. Sobre todo porque para coronar con éxito el delito utilizó el despacho del intendente de Venado Tuerto, Roberto Scott, en una maniobra pergeñada con imaginación que le habría envidiado un guionista de cine.

Se llama Nelso Hugo Mangiarelli pero en abril de 2000 se presentó como el "doctor Ocampo" para timar a un banco en la oficina principal de la intendencia venadense. Scott no estaba allí: había viajado a la Capital Federal para concurrir a una entrevista que le había gestionado Ocampo con la entonces ministra de Desarrollo Social, Graciela Fernández Meijide. Una entrevista que nunca se hizo porque en esa cartera no figuraba tal compromiso en la agenda. Ni, mucho menos, allí tenían idea de un doctor Ocampo.

Mientras Scott se cercioraba en Buenos Aires de la inexistente cita, Mangiarelli usurpaba su despacho. Desde allí llamó a la sucursal venadense del Banco Suquía para requerir que le cambiaran 46 mil dólares por pesos. Solicitó que le mandaran la plata en un camión de caudales y, una vez que llegó el blindado, les dijo a los empleados que tomaran un café mientras él iba a la Secretaría de Hacienda a buscar los dólares. Tomó los fajos de billetes nacionales y salió. Los empleados todavía los esperan.

El sujeto alcanzó, con su farsa, una descomunal difusión en los medios del país. Y el lunes reapareció. Merodeaba con una mujer comercios de Italia y San Luis con la intención de comprar artículos con dólares falsos. Se movilizaba en un Chevrolet Astra gris. Pero esta vez sus movimientos no fueron tan delicados: varios comerciantes sospecharon y avisaron a la Policía Federal por la insistencia de este individuo en comprar cosas con dólares de apariencia dudosa. Cuando la policía llegó y requisó al hombre y a su mujer les encontraron 6 mil dólares. La mitad eran apócrifos. Treinta billetes de cien exactamente.

Fuentes de la Policía Federal confirmaron a La Capital que el sujeto que portaba los billetes truchos es Hugo Mangiarelli. Lucía muy buena apariencia. Aunque no tanto como la que ofrecía cuando frecuentaba a Scott usando trajes de marca, delicados anteojos y un impecable Rolex original en su muñeca izquierda.

"Un hombre incapaz de violencia, muy servicial, que actúa en base a su sagacidad", dijo uno de los investigadores policiales que lo detuvo en una casa de Roldán el 28 de abril de 2000. No había sido tan sutil anteayer al ser detenido. No obstante sí debió acreditar ingenio para acaparar posesiones en el pasado: cuando lo apresaron hace seis años era poseedor de tres costosas viviendas y una imprenta. Tenía un Peugeot 406 y se le secuestró un Rolex legítimo.

Cuando la estafa pergeñada por Mangiarelli-Ocampo trascendió a nivel nacional, se sabía casi simultáneamente que una persona que dijo llamarse Carlos Montiel se había servido de idénticos métodos par cometer una estafa de 10 mil pesos en Paraná dos meses antes. En esa ocasión la oficina usada había sido la sede del comité provincial de la Unión Cívica Radical y el perjudicado fue un empresario de turismo al que ofreció planes sociales en febrero de 2000. El mismo Carlos Montiel, en el curso de ese mes, había urdido otro fraude de 46 mil dólares contra una sucursal del Banco Banex de Mendoza.

Dueño de una audacia sin confines, Mangiarelli intentó perpetrar una estafa en 1992 utilizando el nombre del camarista penal rosarino Ernesto Atilio Pangia: en esa ocasión, invocando la identidad del juez, se presentó en una concesionaria de autos para obtener un vehículo. La tramoya fue desactivada por los propios empleados de la agencia, que fueron a Tribunales a constatar la identidad del magistrado. Antes de ese hecho, había tenido una condena por tentativa de extorsión da dos años y seis meses de prisión, por el juzgado de Sentencia Nº 3 de Rosario.

Ahora vuelve a visitar los pasillos del Palacio de Justicia. Pero será en su sede federal de Oroño al 900. Allí lo indagará el juez federal Carlos Vera Barros por delitos presuntos vinculados a puesta en circulación de moneda falsa.
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Hugo Mangiarelli cirulaba con 6 mil dólares, la mitad de ellos falcificados.

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