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 miércoles, 19 de abril de 2006  
Veinte años sin inundaciones

El 24 de abril de 1986 las aguas invadieron por enésima vez los barrios de la zona noroeste: Fisherton R, Stellla Maris, Industrial, Ludueña, Tanque, Lisandro de La Torre, y el epicentro fue Empalme Graneros. La furia de las aguas no dio tiempo a nada. Pronto llegaron a la altura de un metro, creando la disyuntiva de salvar los bienes o poner a resguardo a niños y ancianos. Los que tenían terraza subían enseres, niños y vecinos; la gran mayoría, con techos de chapa, trataba de levantar muebles y electrodomésticos, y de sacar a los hijos y a los ancianos. En pocas horas las aguas llegaron a dos metros en 49 e Ingenieros. Las pérdidas en los hogares, comercios e industrias fueron totales. Una vez más, las aguas arrasaron los barrios de la cuenca del Ludueña. Hombres y mujeres, sobreponiéndose al desastre, se convirtieron durante tres días sus noches en Defensa Civil patrullando en botes el barrio, sacando la gente de los techos precarios, llevando alimentos a las terrazas, cuidando vida y bienes, alejando a posibles depredadores. Una vez escurridas las aguas, y después de la batalla de la pala, la escoba, el secador, el desodorante y las lágrimas, al constatar las pérdidas se autoconvocaron en la vecinal y, unidos, acordaron continuar la lucha contra las inundaciones, creando la ONG Numaín (Nunca Más Inundaciones). Primero en asamblea permanente y luego en reuniones semanales para movilizar a los vecinos y exigir a los poderes municipal, provincial y nacional las medidas necesarias para erradicar el flagelo de la inundación. Fueron años de asambleas y movilizaciones. Hoy, a 20 años, podemos decir que gracias a la unidad en el desastre hemos reconstruido los barrios, tenemos la represa, el dragado del Ludueña, eliminamos algunos terraplenes, se han construido algunas escuelas, se ensanchó la calle Juan José Paso y tenemos una nueva calle Génova. Los aguerridos y estoicos comerciantes de Juan José Paso, como fénix acuático, han resurgido llevando a nuestra querida arteria a los primeros lugares de las calles comerciales de Rosario. El vacío dejado por los viejos dueños del Principito y la Tienda Iguazú está cubierto por enjundiosos comerciantes que son el orgullo del barrio. Vaya el reconocimiento a aquellos hombres y mujeres valerosos y solidarios que en la desgracia privilegiaron el bien común. Además, la lucha del barrio habría sido inútil sin la cobertura solidaria de los medios de difusión encabezados por La Capital, los canales de televisión y todo el arco de radiodifusión de Rosario. A esto debemos agregar la comprensión y la acción de hombres como Usandizaga, Cavallero y su subsecretario de Obras Públicas, ingeniero Miguel Lifschitz, los concejales, los diputados Venesia y Zabalza, y los gobernadores Reviglio y Reutemann.

Jorge Barraza


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