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 sábado, 10 de diciembre de 2005  
El juego democrático en la educación superior
La voz de los estudiantes universitarios
Los alumnos de la UBA tienen poca participación política, pero piden mayor poder en el cogobierno

Matías Loja

En medio del período de renovación de autoridades en la Universidad de Buenos Aires (UBA), la institución superior más grande del país -en cuanto a su presupuesto y matrícula- se encuentra por estos días en pleno debate acerca del rumbo a tomar a partir del año próximo en el que tendrá lugar el proceso de elección del rector, la máxima autoridad universitaria.

Más allá de los nombres en danza que actualmente circulan, incluido el de Guillermo Jaim Etcheverry, quien ocupa actualmente ese puesto, un estudio realizado por docentes de la universidad bonaerense presenta algunos datos interesantes que ayudan a pensar la participación política e institucional de los distintos actores que forman parte de la vida académica.

Dirigido por Francisco Naishtat y Mario Toer, investigadores del Instituto Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, el trabajo de reciente aparición llamado "Democracia y representación en la universidad", arroja conclusiones sobre la democracia colegiada en la educación superior, basándose en un "relevamiento de la subjetividad política de sus protagonistas", tal como explican los autores del estudio, publicado en formato de libro por Editorial Biblos.

En este sentido, la investigación fue confeccionada en base a 39 entrevistas a consejeros directivos de los diferentes claustros (docentes, graduados y alumnos), y 1300 encuestas a estudiantes de cada una de las 13 facultades que conforman la casa de altos estudios porteña, a fin de recabar la opinión tanto de representantes como de representados.

Asimismo, y si bien de un tiempo a esta parte se realizaron varios estudios comparados que tratan el tema de la gestión universitaria, en general, advierten los investigadores, este tipo de estudios estaban orientados a la búsqueda de una forma de organización que optimice a la universidad en un entorno competitivo acorde a los nuevos tiempos del mercado, sin entender que la forma colegiada y democrática no es una mera opción sistémica frente a otras, sino que es "un principio normativo del proceso educativo y de formación que es propio de la enseñanza pública superior universitaria".

Por otra parte, el trabajo, iniciado a principios de 2002, refleja también la crisis de representación vivida por el país por aquellos años, cuando los sucesos de diciembre de 2001 permitieron repensar el juego democrático de la sociedad en sus diversos ámbitos, incluido el universitario. Al respecto, los investigadores remarcan que hasta esa fecha la conflictividad universitaria se centraba en el "frente externo" (en referencia a los embates del Estado y de los organismos internacionales), mientras a partir de allí, emergen, o al menos se hacen más visibles, un sinnúmero de conflictos al interior de las propias universidades.


Números de la democracia
A fin de conocer el juicio que los estudiantes tienen sobre la democracia universitaria, el informe de la UBA destaca algunas consideraciones sustanciales que permiten, en cierta medida, esbozar un perfil del alumno universitario, al menos en lo que respecta a su visión sobre ciertos temas cruciales que competen a la participación institucional.

Así, y más allá de reclamos generales sobre el funcionamiento concreto de los órganos de gobierno, los alumnos de la UBA fueron consultados sobre temas como la integración del cogobierno, la elección de las autoridades, participación política y su postura frente a arancel y el examen de ingreso, entre otros.

Con respecto a la composición de los consejos directivos, el órgano colegiado que rige los destinos de cada facultad, en la institución bonaerense estos están compuestos por 8 profesores regulares, 4 estudiantes y 4 graduados.

En la investigación, y si bien los estudiantes no se oponen a la existencia de una mayoría del claustro docente en el cuerpo (que según el artículo 53 de la ley de educación superior no puede ser inferior al 50 por ciento del total de los miembros), los alumnos juzgan necesario extender la representación docente a los profesores interinos y los auxiliares docentes. A su vez, consideran oportuno incorporar al personal no-docente en los consejos directivos (como pasa en la Universidad Nacional de Rosario), y además exigen una mayor participación estudiantil en los mismos, elevando su representación a los 5 miembros.

Por otra parte, la encuesta señala que a la hora de establecer el sistema de elección de autoridades, la mayoría del estudiantado (el 77,3 por ciento) cree necesario cambiar el actual esquema de designación del rector, de voto indirecto a través de la Asamblea Universitaria, por el sufragio directo, aunque la mayoría de estos propone una elección ponderada por claustros, histórico reclamo del gremio de los docentes universitarios (Conadu), en el cual el sector docente representaría el 50 por ciento del total de los votos posibles y el resto a repartir entre los claustros restantes (no docentes, graduados y alumnos).

Actualmente, la ley de educación superior no especifica un modo único de elección del rector, por lo cual varias universidades nacionales -como las de Río Cuarto, Salta, La Pampa, Santiago del Estero, Luján, San Luis y Villa María- implementaron desde hace algún tiempo el sistema de voto directo ponderado para la elección de sus máximas autoridades. En cuanto a los números de la encuesta, y en relación al rector, el 39,41 por ciento de los alumnos elige como mejor la elección directa ponderada por claustros, el 37,88 el voto directo universal (una persona, un voto) y sólo el 15,02 juzgó al actual sistema como el óptimo.

Además, el informe indica que en el caso de otras autoridades surgidas del voto, el promedio de quienes optan por el sufragio directo sin ponderaciones se eleva el 41,43 por ciento en el caso de los decanos y al 46,25 para los directores de carrera, lo que muestra, según los autores del estudio un "incremento de las posiciones que favorecen el voto sin ponderaciones para elegir a las autoridades de ámbitos más cercanos al estudiante".

Finalmente, la encuesta reveló que el 84,5 por ciento de los alumnos nunca participó de actividades políticas (asambleas, reuniones o debates en el seno de las facultades), número que se reduce al 11,14 por ciento de estudiantes comprometidos orgánicamente con algún tipo de militancia social o política. Con respecto al género, los datos de la UBA indican que los hombres participan más que las mujeres (un 19,4 contra un 13,7 por ciento), probablemente, como afirman los investigadores, producto de una tendencia de las mujeres a concentrarse más en sus carreras.
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Según un informe de la UBA, 8 de cada 10 estudiantes no participan de actividades políticas.

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