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 domingo, 04 de septiembre de 2005  
[Primera persona] Hugo Del Campo
"Si Perón no hubiese existido, los sindicalistas lo habrían creado"
En su libro "Sindicalismo y peronismo, los comienzos de un vínculo perdurable", el historiador radicado en París pone luz en un aspecto crucial del poder político

Rodolfo Montes / La Capital

Fuentes primarias, documentos sindicales, de la CGT, discursos de Perón, documentos orales -de aquellos que no escribieron sus memorias-, son parte del valioso aporte que Hugo Del Campo ofrece a través de su esclarecedora investigación sobre la génesis peronista. "Sindicalismo y peronismo, los comienzos de un vínculo perdurable", publicado originariamente en 1983, y reeditado por Siglo XXI en estos días, pone luz sobre un debate absolutamente actual, y crucial: el sindicalismo peronista como llave para sostener el poder político en la Argentina.

No se conocían, nunca antes el coronel Perón había visto de cerca a un obrero, sin embargo establecieron una alianza que determinó la historia argentina por 60 años, y continúa vigente hoy. Hugo Del Campo vive en París como docente universitario desde 1983, pero regresa cada invierno argentino a su refugio de Florida y Tucumán, en el micro centro porteño. El lunes pasado estuvo en Rosario para presentar la nueva edición de su libro.

Del Campo explica su ontología del peronismo como producto de una interacción entre Perón y los dirigentes sindicales de la época. "Perón, hasta el 43, no sabía cómo era un obrero, no había visto ninguno. ¿Cómo aprende?, ¿cómo logra que le tengan confianza? ¿Cómo consigue, al cabo, terminar representándolos a través del Estado?" se pregunta, y se contesta: "Mi tesis es que el ascenso de Perón es una necesidad del sindicalismo de esos primeros años cuarenta. Me atrevo a decir: si Perón no hubiese existido, los sindicalistas lo hubieran inventado".

El historiador, que sufrió seis años de cárcel por "penetración ideológica" desde 1976 hasta 1981, arribó a la certeza de que los trabajadores buscaban un líder que llevara desde dentro del Estado las reivindicaciones obreras, y ese hombre fue Perón, pero hubiera podido ser otro. Se concentró en estudiar un período determinado de la historia, y aportó una tesis reveladora.

-¿Cómo armó la investigación?

-Seguí el proceso como si lo estuviera viviendo, y trasmití las fuentes de manera directa, para que el lector pueda tener un juicio propio. Mi tesis acerca de los orígenes del peronismo está a contrapelo con los trabajos de investigación de esa época. Mientras la teoría clásica es que Perón creó al peronismo, para bien o para mal, como genio político, gran estadista, o por el contrario, como aventurero que quiso mantenerse en el poder a cualquier costo, yo, por el contrario. formulo que el encuentro de Perón con los líderes sindicales se da en el marco de una conveniencia mutua. Y de allí resulta una mixtura que no es ni lo que quería Perón ni lo que hubieran querido algunos dirigentes sindicales. O sea, yo refuto la idea de que el peronismo "es una creación de Perón"


Un vínculo perdurable
Después de 60 años la gran mayoría de los sindicatos son peronistas. "Por eso hablo de un vínculo perdurable y no coyuntural", dice Hugo del Campo. Y toma distancia del concepto de populismo, porque "es un término delicado, sobre todo por el sentido que se le da en Europa. Allá se lo asocia con ideología de derecha, con autoritarismo. El peronismo sería populismo en cuanto no surge de ninguno de los partidos políticos tradicionales, ni de las asociaciones patronales ni de la gran prensa. También es populista porque define un enemigo, pero no lo es en el sentido internacionalmente aceptado del concepto.

-¿Cómo define entonces la alianza política de Perón en sus inicios?

-Perón pensó desde sus inicios en una alianza policlasista, con obreros, empresarios, Iglesia y ejército. Pero no logró atraer a los empresarios, ni a los partidos tradicionales. Sí a un sector del ejército, y en un principio, a la Iglesia. Perón se apoyó electoralmente en la masa obrera, ante la dificultad de los socialistas y comunistas -que eran las corrientes sindicales dominantes- de encausar el voto de los trabajadores, de manera masiva, en especial fuera de la Capital Federal. Esa "dependencia" de Perón de los sindicatos, hasta la elección de febrero del 46, le impuso condiciones incluso programáticas. Perón hubiera querido no necesitar tanto de los sindicatos. Así fue que, luego del triunfo electoral, Perón negocia de otro modo con los obreros, cambia la relación de fuerzas, y progresivamente los sindicatos pasan a ser cooptados por la Casa Rosada.

-¿Apoyarse en los aparatos sindicales para gobernar fue característico de Perón?

-No, el apoyo en el movimiento sindical fue siempre preciado por los políticos. Es el caso de Yrigoyen, que buscó el apoyo sindical para hacer frente a los socialistas en la Capital; es el caso de Ortiz, que se plantea terminar con el fraude pero se da cuenta que necesita apoyo sindical -ferroviario, en este caso-, y lo busca. Y luego Perón, que empieza a conocer ese mundo obrero recién en el 43, por una necesidad de construcción política. El peronismo impone una política económica donde los obreros obtienen un inédito beneficio: se quedan con el 50 % de la renta nacional. Eso no había ocurrido nunca en la Argentina, ni en Latinoamérica. En términos reformistas, los obreros con Perón obtuvieron las máximas reivindicaciones posibles. Sólo una revolución obrera hubiese otorgado mayores beneficios.

-¿Cómo se da esa rápida integración del coronel Perón con los obreros?

-Del 43 al 46 Perón arrincona a los trabajadores "sindicalistas" - prescindentes de los partidos políticos-, a los socialistas y comunistas. Primero logra cooptar a los "sindicalistas", y luego a la mayoría de los socialistas. No ocurre igual con los comunistas, que son más intransigentes, disciplinados, y convencidos de que el régimen del 43 era fascista, con la figura de Perón como un demagogo al servicio de un proyecto antiobrero.

-Sindicalismo es una expresión connotada negativamente para las grandes audiencias. Sin embargo, hoy Kirchner cierra acuerdos con los grandes sindicatos porque los considera imprescindibles para gobernar. ¿El vínculo sindicatos-peronismo sigue siendo una llave para construir poder político?

-Se mantienen algunas similitudes, es cierto. Hay que entender que la participación en la riqueza nacional de los trabajadores entre el 46 y el 55 fue extraordinaria, sin precedentes y jamás se volvió a repetir hasta la actualidad. Esa década se impregnó en la memoria popular hasta el día de hoy: prosperidad, pleno empleo, sueldos dignos, y demás. Luego, con la Revolución Libertadora, se inicia un proceso progresivamente inverso, que sumado a la proscripción política del peronismo lo mitifica y engrandece aún más. Se transformó en el paraíso perdido, la década de oro.

-¿En esa fusión de Perón con los dirigentes obreros de tradición sindicalista, socialistas y de izquierda, en los primeros años cuarenta, se produce un encuentro entro lo viejo y lo nuevo en ese tiempo político, una bisagra histórica?

-En política no existe un proceso donde lo nuevo sustituya a lo viejo en un momento, de una vez. Ni siquiera en las revoluciones. "Que se vayan todos" fue una irrealidad, sin chances de concreción. Por lo tanto, hoy Kirchner, mayoritariamente visualizado como un cambio político en la Argentina, de todos modos arregla con sindicatos e intendentes de la vieja política porque no hay construcción de poder político nuevo cuando casi todas las instituciones de la sociedad son parte de lo anterior. Después del 55, con el peronismo proscripto, abreva la resistencia que luego deviene en izquierda en los setenta, y los sindicatos negocian poder aún en el filo de la legalidad durante los sucesivos golpes militares. Allí se juega el poder hasta el año 73. Gobiernos militares, antiperonistas, que no pueden abrir el juego electoral porque pierden. A su vez acosados por los sindicatos que tienen el instrumento político de la huelga general para hacer caer a los gobiernos. Luego, la Argentina de las corporaciones cambió, y ya no tendrá vigencia desde Alfonsín para acá. La lógica peronismo-antiperonismo que dominó hasta el golpe del 76 termina de diluirse en los noventa con Menem. A partir de entonces, ya no fue posible establecer qué es el peronismo ni dónde está representado. Todo se mezcló y confundió.
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Teoría propia. Del Campo refuta las versiones clásicas sobre el orígen del peronismo.

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