Año CXXXVIII Nº 48777
Política
La Ciudad
Información Gral
Opinión
El Mundo
La Región
Policiales
Cartas de lectores



suplementos
Ovación
Escenario
Señales
Economía
Turismo
Mujer


suplementos
ediciones anteriores
Salud 08/06
Autos 08/06
Turismo 05/06
Mujer 05/06
Economía 05/06
Señales 05/06
Educación 04/06

contacto
servicios
Institucional

 domingo, 12 de junio de 2005  
De la vida y la militancia
Juan Ingallinella fue perseguido durante más de diez años por la policía rosarina. Su hija Ana María presenció su última detención

Nacido en 1912 en Rosario, hijo de inmigrantes sicilianos, Juan Ingallinella dedicó su vida a la actividad profesional como médico y a la política. "Tenía el consultorio en nuestra casa, aunque al principio había estado a dos o tres cuadras -cuenta Ana María Ingallinella, su hija-. Y tenía mucho trabajo como médico. A él le gustaba la pediatría, incluso trabajó un tiempo ad honorem en el Hospital de Niños. Pero llegó un momento en que le dijeron que no fuera más, por discriminación política".

Ingallinella comenzó su militancia como estudiante de la facultad de Medicina. Allí integró el grupo antifascista Inxurrexit y la Juventud Comunista. En 1943 debió pasar a la clandestinidad, ya que el golpe militar que depuso al presidente Ramón Castillo declaró ilegal al Partido Comunista. De incógnito en un departamento de Virasoro al 2000, montó una pequeña imprenta y organizó la propaganda del partido. A principios de 1944, la policía rosarina detuvo y sometió a torturas a tres militantes comunistas (uno de ellos, Luis Liborio Trella, sufrió lesiones irreversibles que provocaron su prematura muerte, en 1954). Ingallinella denunció el hecho en un volante, donde identificaba como responsables a los policías Lozón, Monzón y Santos Barrera. En abril, fue detenido y conducido a la cárcel de encausados. Allí, en una celda, la familia Ingallinella festejó el primer cumpleaños de su hija Ana María.

El episodio fue el punto de partida de un larga persecución, por la cual Ingallinella sumó una veintena de procesos, por desacato y resistencia a la autoridad. "Lozón era un nombre conocido en casa", dice Ana María Ingallinella.

Entre junio y septiembre de 1953 Ingallinella asistió como invitado a un Congreso Mundial de Médicos en Viena, tras lo cual visitó la Unión Soviética. En las elecciones de abril de 1954 fue candidato a diputado nacional por el Partido Comunista, cuya dirección provincial integraba al momento de su desaparición.

Ana María Ingallinella, hoy ingeniera sanitaria e investigadora de la Universidad Nacional de Rosario, tenía 12 años cuando presenció la detención de su padre. "Pudo haber escapado por el fondo de la casa, porque había un tapial que no era muy alto, y los policías vinieron a pie. Pero no quiso. Yo me puse a llorar, y él me dijo: «no, una Ingallinella no llora»", recuerda.

"Mi mamá fue a llevarle frazadas y comida a la Jefatura de Policía y le dijeron que había salido. Ahí empezó toda la historia. Eran las postrimerías del gobierno de Perón y mucha gente aprovechó para manifestarse en su contra. Y hubo un diario, La Acción, que tomó la bandera e informó a mucha gente", agrega Ana María Ingallinella.

Rosa Trumper, la esposa de Ingallinella, nació en Moisés Ville en 1916 y falleció en Rosario en 1996. "Hizo la escuela normal en Rafaela, donde fue alumna de las hermanas Olga y Leticia Cossettini -cuenta Joaquín Trumper, su hermano-. Como maestra, ella aplicaba el método que habían creado las hermanas Cossettini. Al principio trabajaba en el interior y venía de vacaciones a Rosario, a casa de unos parientes y unos amigos que eran a su vez amigos de Ingallinella. Así se conocieron".

Ana María Ingallinella agrega que "de la escuela de Rafaela salieron maestras extraordinarias. La primera experiencia de mi mamá como maestra fue en Las Palmeras, un pueblo de pocas casas cerca de Moisés Ville. Los alumnos eran casi tan grandes como ella, porque eran muchachos que trabajaban en el campo".

Posteriormente, Rosa Trumper pasó a trabajar en el barrio Pueblo Nuevo, de Villa Gobernador Gálvez. "Era una escuela muy pobre -dice su hija-. Los alumnos eran los hijos de los obreros del frigorífico Swift. En esa época el tranvía te dejaba donde está el frigorífico y había que caminar entre los corrales hasta llegar a la escuela. Ahí la dejaron cesante, porque no se había afiliado al partido peronista, junto con las hermanas Cossettini y otras excelentes maestras".

"Mi mamá era una docente de alma -sigue Ana María-. Me acuerdo que ese día en que la dejaron cesante lloraba, porque la enseñanza y la escuela eran su vida, y los chicos la querían muchísimo". En 1956 fue reincorporada y destinada a la escuela Pedro N. Arias (hoy Fundación San Cristóbal), de Garay al 700.

"Ademásde que lo quería mucho, mi mamá por ahí se sentía culpable de lo que había pasado con mi papá -relata la hija de Ingallinella-. En mi casa había un patiecito y una puerta que daba a la calle y otra donde había una mampara. Siempre que había algún problema se cerraba la puerta de calle. Esa vez, no sé por qué, la puerta no se había cerrado y los policías entraron prácticamente en el patio. Igual mi papá hubiera podido escapar. Ellos decían que iban a tirar la puerta abajo, pero hasta que lo hicieran había tiempo".

Luego, "ella se volcó mucho a la militancia, pero quedó muy afectada. Además hubo amenazas y problemas por portación de apellido. Por eso comprendo tanto a los familiares de desaparecidos. Esa angustia de no saber qué pasó con tu familiar, de no ver el cuerpo es traumática. Por años y años soñé que mi papá volvía".

En el hogar, "mi papá era muy cariñoso y alegre. Siempre estaba sonriente. Y estaba muy dedicado a la militancia. A la tarde atendía en el consultorio, a la mañana hacía visitas y después se iba a las reuniones del partido. Además era muy querido por la gente, se hacía querer. A mí me sorprende porque donde voy, sobre todo con gente que es un poco más grande que yo, apenas lo nombro surge algún recuerdo".

O. A.
enviar nota por e-mail
contacto
Búsqueda avanzada Archivo


Ampliar FotoFotos
Ampliar Foto
Ingalinella y Lina Mónaco(de pie, primeros desde la izquierda), entre otros.

Notas Relacionadas
Ingallinella, una batalla ganada contra la impunidad


  La Capital Copyright 2003 | Todos los derechos reservados