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 domingo, 12 de junio de 2005  
Educación: trabajo infantil

MArcela Isasías / La Capital

"Es la primera vez que vengo a la escuela. Me gusta mucho". Así se presentó Oscar, un nene de 13 años que comenzaba su primer año de la EGB en la Escuela de Frontera Nº 604 de la localidad misionera de Bernardo de Irigoyen. Y aunque sus palabras fueron pocas, alcanzaron para preguntarse cómo y por qué había transcurrido varios años de su infancia sin el derecho básico de educarse.

Junto a la pobreza y exclusión que viven cientos de niños argentinos, la historia de Oscar se suma a la de muchos de sus compañeros, como Ariel de 9, Orlando de 10, Mariela de 11, todos ingresantes a la escolaridad; y apenas una muestra del drama de los chicos que desde muy temprano son incorporados al trabajo.

Son los mismos alumnos que integran un dato revelador para esa localidad misionera: "El 80% no termina la escuela básica". Son los mismos chicos que dejarán de estudiar, aun en la etapa obligatoria que indica la ley, para definitivamente incorporarse a la vida del campo, de la cosecha del té o la yerba mate.

No sólo en Misiones el trabajo infantil es una preocupación más para las escuelas. También en Santa Fe los maestros rurales han advertido en más de una oportunidad cómo sus alumnos se ven obligados a dejar de aprender para trabajar en las zonas rurales y cómo esto conspira contra todos los esfuerzos por asegurarles la escuela obligatoria.

Los datos cobran mayor relevancia hoy que se conmemora el Día Internacional contra el Trabajo Infantil. Una fecha con las que muchos maestros se identifican a diario cuando deben planificar sus clases para alumnos que no saben cuánto podrán retenerlos. Una realidad que toca también a los medios urbanos.


Panorama mundial
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) existen aproximadamente 246 millones de niños y niñas que son víctimas de la explotación infantil en el mundo. "De ellos, casi tres cuartas partes trabajan en entornos de riesgo, como minas o fábricas, o manipulando sustancias peligrosas, como componentes químicos y pesticidas agrícolas", sostiene la organización internacional.

Pero hay más: "Unos 5,7 millones de estos niños y niñas trabajan en circunstancias particularmente terribles, rayanas en la esclavitud, o en condiciones de servidumbre".

En América Latina y el Caribe hay aproximadamente 17,4 niños y niñas trabajadores (un 16% de los niños y niñas de la región trabajan).

Unicef agrega que "estos niños y niñas se encuentran en todas partes, pero son invisibles; trabajan como sirvientes domésticos en casas, están ocultos tras las paredes de talleres o se encuentran fuera de la vista del público en plantaciones. La gran mayoría de los niños y niñas que trabajan -alrededor del 70%- lo hacen en el sector agrícola".

Además, millones de niñas trabajan como sirvientas domésticas y asistentas sin salario en el hogar y son especialmente vulnerables a la explotación y el maltrato.

El organismo de la Naciones Unidas dedicado a la infancia entiende que para construir un entorno protector para los niños y niñas, es preciso que se considere "que la escuela es una alternativa mejor que el trabajo".

Claro que para esto, Unicef entiende que además de que se legisle en favor de una educación obligatoria, los gobiernos deben comprometerse a cumplirlas. Además de atender a las normas internacionales como la Convención de los Derechos de los Niños.

Además que se pongan en práctica leyes que prohíban el trabajo infantil. La OIT aconsejó legislar a favor de leyes que "persigan a los empresarios que explotan a la infancia".

Pero además, se entiende que mucho se puede hacer cambiando actitudes y prácticas. Sobre todo con aquellas familias o comunidades que "ponen pocas objeciones a que los niños y las niñas trabajen".

Quizás alcance para revertir historias como las de Oscar, Ariel, Orlando o Mariela con empezar a poner en práctica el artículo pertinente de la Convención sobre los Derechos del Niño (32) que dice: "Los estados partes reconocen el derecho del niño a estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social".
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