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 miércoles, 13 de octubre de 2004

El arte de ser un pícaro
Fígaro domina con su humor la trama de la obra

"El barbero de Sevilla", de Gioacchino Rossini, se estrenó el 16 de febrero de 1816. La ópera cuenta las aventuras de un pícaro barbero que ayuda a un conde a obtener los amores de una bella joven destinada, en principio, a casarse con un anciano desconfiado y de mal genio, entre otras "virtudes". La joven vive en la casa del anciano y Fígaro será el "cerebro" detrás de todas las tentativas del conde de acercarse a la muchacha; tentativas disparatadas que lo ponen todo el tiempo al borde del ridículo pero que finalmente lo llevan a su objetivo y dejan planteado a Fígaro como uno de los grandes bufos de todos los tiempos.

"Esta obra se acerca a los doscientos años y mantiene intacta su frescura. Creo que mucho de ello se debe a la inteligencia del libretista Cesare Sterbini, que encontró las acciones y las palabras adecuadas para la gran música de Rossini", arriesgó el regisseur de la puesta, Oscar Grassi.

Aunque hoy es una obra insoslayable del repertorio operístico, "El barbero de Sevilla" tuvo un debut confuso en 1816. "El debut en 1816 tuvo una mala recepción preparada", explicó Grassi. "Por esa época había otra ópera «El barbero de Sevilla», de Giovanni Paisiello, que era bastante popular. Cuando se produjo el estreno de la obra de Rossini, los que seguían a Paisiello fueron a silbar la pieza Rossini. Pero el tiempo puso las cosas en su lugar y aunque hoy se puede llegar a escuchar la ópera de Paisiello, la de Rossini se convirtió en la primera", añadió Grassi.

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