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 domingo, 03 de octubre de 2004

Selección nacional. De cómo puede explicarse que a Grondona le interesa mucho más la imagen que los resultados
La vida después de Bielsa
La llegada de José Pekerman sugiere una especie de continuidad que va mucho más allá de un estilo futbolístico

Alejandro Cachari / La Capital

La historia de los técnicos contemporáneos de la selección argentina es la historia de Julio Grondona. Desde que el ex titular de Independiente asumió en la AFA para reemplazar a Alfredo Cantilo todo dependió de su decisión. El sigrondonismo es la marca indeleble que distingue al máximo dirigente del fútbol argentino. Y mal no le fue.

Fue campeón y subcampeón del mundo con Bilardo, cayó en octavos de final con Basile (el affaire Maradona fue decisivo para la suerte de aquel equipo), llegó a los cuartos con Passarella y absorbió uno de los máximos fracasos de la selección en un Mundial con la eliminación en la primera ronda de Japón-Corea 2002.

Pero los resultados no son el punto en cuestión. Cada ciclo tuvo su característica y el dueño de la calle Viamonte fue mutando de acuerdo a las circunstancias.

A ver. Excluyendo a Bilardo, el ideal de los ideales para don Julio, el resto de los procesos tuvo sus bemoles. La era Basile estuvo signada por las vanidades y el merchandising, con las gorritas publicitarias como principales exponentes. Después llegó Passarella, la antítesis de Basile. Había que cambiar esa porción de imagen que se había deteriorado. La relación del gran capitán con el empresario Gustavo Mascardi enturbió las aguas y fue mucho más desestabilizadora que aquel fatídico gol del holandés Dennis Bergkamp. El mismo día que Orteguita lo cabeceó a van der Sar.

Ahora era preciso encontrar al hombre inmaculado. Grondona apuntó a Pekerman y José utilizó la cintura para que el tiro llegara hasta Marcelo Bielsa. Llegaron los tiempos del ex Newell's y apareció la función de manager para el máximo ganador en juveniles. Este último movimiento de don Julio jamás funcionó y se desintegró casi sin connotaciones.

Lo que vino se conoce. El fracaso en el Lejano Oriente y la inesperada renovación para Bielsa. He aquí un punto de análisis importante. Más allá del patético resultado, la imagen de la selección se había limpiado de suspicacias, de amistades poco claras y otras yerbas. Todo quedaba reducido a lo futbolístico, ámbito bastante saturado por aquella eliminación en primera ronda y una tendencia muy remunerativa en lo político para el mandamás de AFA. El raconto sirve para preguntarse cómo será la selección después de Bielsa.

La primera sensación es que la era Pekerman será una continuidad de lo anterior. La trayectoria de José no está vinculada con ningún sector poderoso del fútbol argentino. Su currículum huele a limpieza y esa es la apuesta de Grondona. El lo decidió desde el mismo momento en que Passarella dejó de ser el entrenador.

Perfil bajo, trabajo y honestidad. Aquí no se toca la cuestión futbolística, que probablemente tendrá diferencias con Bielsa. Es que ya hace un tiempo que don Julio prioriza la imagen a los resultados. Por algo será.

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A los gritos en los Juegos. Una postal típica del ex seleccionador argentino.

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