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 domingo, 03 de octubre de 2004

La timidez y los miedos ocultos

Todos tenemos raptos de timidez. Hasta las personalidades más maduras pueden ser embargadas por una situación que las aborda por sorpresa y las hace tartamudear. Pero, fuera de esas circunstancias, no se caracterizan por ser tímidos. Tampoco son tímidos todos los introvertidos. Aunque son reservados y viven predominantemente hacia adentro y prefieren expresarse con parquedad, pueden establecer lazos hacia afuera cuando quieren y hasta son excelentes comunicadores.

"Tímido viene de temeroso, encogido, corto de ánimo, vergonzoso", sostiene la psicóloga Eva Corsini, docente especializada en psicoanálisis de pareja, coordinadora del taller "¿Me voy o me quedo?" del Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano de Buenos Aires y del grupo "Cómo enamorarme otra vez". Aunque no todos los participantes de los talleres de reflexión que coordina son tímidos, reconoce que algunos lo son. "Otros son tan tímidos que ni llegan al grupo y algunos no pueden decir palabra. Allí se ven los miedos. Permanecen callados, pensando en la vergüenza, tienen dificultad para presentarse, o para avanzar en una relación, para mostrarse realmente como son en su relación con el trabajo o con la profesión. Está el miedo de hacer el ridículo, de ser feo y de ser rechazado", acota.

Desde su óptica psicoanalítica, el rubor, síntoma de la timidez, es una manifestación de impulsos encontrados. "Sus ingredientes son la sexualidad genital y su represión, la represión orgánica. Según Freud, ésta habría surgido al aparecer los genitales por delante, al asumir el hombre la posición erecta. Ese sería el comienzo de la cultura y con ella, de la vergüenza, el asco y la moral", sostiene la entrevistada.

En este marco, la represión estaría motivada por las exigencias de tener que cumplir con el ideal del yo. "La pulsión tiene hambre de otros; las fuerzas contrarias evitan a los otros. La vergüenza está dirigida contra el exhibicionismo. Tengo vergüenza quiere decir: «No quiero que me vean»", agrega Corsini. Así se entiende que los tímidos se escondan, aparten el rostro o cierren los ojos y se nieguen a mirar. Ser visto es equiparable a ser despreciado. Si la persona está bloqueada, puede llegar al pánico.

Según los especialistas en el tema, la timidez suele aparecer entre los cinco y los siete años. Al llegar a la adolescencia, dado que el joven es más consciente que el niño, se sistematiza. Esta etapa es crucial. Si aquí no se supera, puede volverse crónica y hasta derivar en una enfermedad mental.


Terror al contacto social
En general, la timidez está muy relacionada con el tipo de educación recibida. "Los tímidos tienen muy instalados los frenos. Hay una falta de confianza en sí mismo, producto de una formación demasiado severa", afirma Corsini. Los padres estimulan la timidez cuando no dejan a sus hijos afrontar las situaciones que están en condiciones de resolver; cuando los obligan al exhibicionismo pidiéndoles que hagan demostraciones antes las visitas cuando no quieren hacerlo; cuando establecen comparaciones o destacan cualidades de otro hijo a amigos; cuando les ponen apodos descalificadores; cuando por una actitud equivocada los ponen en ridículo ante los demás; en síntesis, cuando no los comprenden.

Para que no se desarrollen chicos tímidos que más tarde tiendan a evitar el contacto social, es necesario que los padres no estallen ante un error cometido por alguno de sus hijos sino que instalen el diálogo; que sean flexibles en decisiones erróneas que hayan tomado; que eviten las prohibiciones continuas tanto como las exigencias excesivas y los castigos humillantes; que no ofrezcan ayudas innecesarias ni les pidan algo que saben que no podrán cumplir y que los feliciten y los estimulen cuando hacen cosas positivas.


La mirada de los otros
Así, habiendo tenido padres tan exigentes, el tímido tiene terror al fracaso. Por eso no se presenta de una manera auténtica por miedo a crear una opinión no favorable de su persona. Desdobla su yo entre un actor y un observador y proyecta en los demás el concepto que tiene de él. Por todo eso, son personas muy emotivas. Aquellos que aceptan su timidez como un componente de su personalidad, consiguen sobreponerse.

No obstante, según los especialistas, la señal de alarma es el sufrimiento. Cuando ese temor al contacto con los demás produce angustia, desestabiliza y perjudica a la persona en sus relaciones laborales, de amigos y familiares, cuando el bienestar emocional y la calidad de vida se resienten, es necesario la ayuda profesional. De lo contrario, los tímidos se ven obligados a adoptar conductas compensatorias: agresividad, despotismo o frivolidad, todos mecanismos de defensa que funcionan como una máscara que los oculta y los hace difíciles de reconocer.

En la ruta hacia el aislamiento progresivo a que se condenan, los tímidos suelen negar la realidad sobre todo si es desagradable; satisfacen deseos frustrados con realizaciones imaginarias; culpan de sus dificultades a otras personas y evitan que los pensamientos peligrosos o dolorosos entren en sus conciencias.

Revertir la situación siempre es posible. Existen técnicas de relajación que ayudan a soportar situaciones difíciles. Y como la timidez es un hábito que se fortalece si no se actúa contra él, la recomendación es no huir sino encararla de frente, aguantar la presión de las miradas, mirar a los ojos al interlocutor cada vez un poco más fijamente. No se trata de hallar valor para hablar, sino de hablar para hallar valor.

El tímido tiene que hacer inventario de sus propios valores para ir tomando conciencia íntima de sus cualidades y valorarlas en su justa medida. La licenciada Corsini aconseja no ocultar los defectos ni las limitaciones, dialogar sobre el tema con otras personas, aceptarse y tratar de superarse hasta donde sea posible. "El tímido tiene que hacer el esfuerzo de tratar de integrarse a grupos, a tener mucha paciencia, a acostumbrarse a reflexionar sobre qué es lo que frena la actividad social. Es un lento trabajo que tiene como fin adquirir confianza, fe en uno mismo y en los demás". Todo un trabajo que vale la pena porque tiene sus recompensas.

Cristina Susana Gozzi

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La timidez en los niños esconde otra problemática.

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