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 sábado, 14 de agosto de 2004

Un informe del Instituto de Planeamiento Internacional de la Educación (Unesco) aborda las distintas aristas de las escenas de violencia que se registran en las escuelas
Cuándo, cómo y porqué de la violencia escolar
Físicas o verbales, las agresiones entre alumnos y hacia los profesores son frecuentes en las aulas

Alumnos que llevan armas a la escuela. Robos de computadoras, televisores o reproductores de video y aulas destruidas por los propios alumnos. Docentes que abusan de sus alumnas y alumnos. Y la lista continúa y se "actualiza" cada tanto, como el hecho ocurrido la semana pasada en una escuela rosarina, donde un grupo de alumnos decidió prenderle fuego a un tacho de basura y su directora suspenderlos.

Las anteriores escenas de violencia que se registraron y registran en aulas argentinas fueron ampliamente cubiertas por los medios, pues la violencia en la escuela ocupa un lugar de suma importancia en los temarios del periodismo gráfico, radial y televisivo. Tema que preocupa a madres y padres y es abordado en cualquier reunión docente tanto desde la queja como para la búsqueda de soluciones

Un informe preparado por el Instituto de Planeamiento Internacional de la Educación (Iipe) dependiente de la Unesco, hace un recorrido por las principales aristas de la relación violencia y escuela.

Uno de los primeros interrogantes que se plantea el estudio es si la la violencia en la escuela es un producto de los últimos años. Una especialista en maltrato infantil, María Inés Bringiotti, advierte que en momentos que la violencia se halla instalada en la sociedad, "es posible caer en la tentación apresurada de referirnos a ella como propia de estos años, como si fuese mayor que en épocas pasadas".

Al menos, la historia de la infancia, la historia de las mujeres y la historia de la vida privada en la Argentina, describen una historia plagada de abusos, malos tratos, negligencia e ignorancia hacia los sectores más desfavorecidos, como las mujeres y la niñez. Además, es importante considerar que la mayor sensibilidad de ciertos sectores sociales hacia los derechos humanos, los derechos de la niñez y los de ciertos grupos minoritarios y la implementación de programas de detección de distintos tipos de abusos, han disminuido la tolerancia hacia la violencia.

Cuando estallan distintas situaciones de violencia en las escuelas (muchas de ellas ciertamente inéditas) como portación de armas, patadas, peleas de extrema agresividad e insultos se podría llegar a pensar que la violencia en las escuelas es cuestión de la última década. Esta reclusión de la violencia en la escuela a los años recientes parecería indicar la existencia de un pasado donde las relaciones entre los distintos actores de la educación eran casi como los de la "Familia Ingalls".

¿Qué tipo de relaciones pedagógicas se establecían en el pasado? ¿Qué lugar ocupaban los castigos corporales en la escuela? ¿Qué tipo de violencias sociales y educativas se daban en años no tan remotos cuando grandes masas de la población no accedían ni a la finalización de la escuela primaria? ¿Las relaciones entre los alumnos eran de un respeto ejemplar por el "otro"?

Historizar la violencia en la escuela es una necesidad para comprender sus formas de expresión actuales y no caer en cierto tipo de nostalgia conservadora donde todo "tiempo pasado parecería haber sido mejor".


Actos agresivos
Pero, ¿a qué se puede considerar violento dentro del marco escolar? Todo acto agresivo que vulnera o denigra la integridad física, moral o psicológica de cualquier individuo puede ser encuadrado como violencia. Si se considera que dentro de los hechos violentos que acontecen en la escuela se pueden incluir desde una broma discriminatoria hasta un cuchillazo en un baño escolar, se habla de un espectro grande de posibles situaciones violentas.

En este sentido, la pedagoga Marta Souto considera más apropiado hablar de violencias en plural. Y también que se puede hablar de dos grandes grupos de violencia en la escuela: la objetiva que incluye delitos criminalísticos, golpes, robos, destrucciones, agresiones; y la simbólica, ya que la violencia no es sólo el golpe: también lo es el trato despectivo, el chiste discriminatorio o cualquier tipo de maltrato verbal.

Las situaciones de violencia manifestadas en la escuela son diversas y de distintos niveles de gravedad. Entre las más frecuentes están el maltrato infantil. El abandono o maltrato emocional, distintas formas de maltrato físico, el abuso sexual, la explotación laboral o la incapacidad parental para controlar la conducta de los niños, son algunas de las formas de maltrato que pueden sufrir los adolescentes y los niños. Evidentemente, estas situaciones de violencia externas al ámbito escolar impactan en el aprendizaje y la conducta de los niños en ellas.


La marginalidad
Otra de las situaciones de violencia se relacionan con los entornos sociales de gran marginalidad. De esta manera, hay zonas o grupos sociales caracterizados por conductas violentas que se convierten en un patrón cultural naturalizado. La asistente social Graciela Ferrari, integrante de un equipo de orientación del conurbano bonaerense, cita como ejemplo: "Chicos que viven todos los días el ingreso de la policía a sus barrios, peleas entre bandas, drogas y asaltos son el modelo donde ellos se desarrollan. Y la escuela se transforma en un escenario donde reproducen esas formas de vinculación".

Los actos disruptivos en el aula son otra de las manifestaciones de violencia escolar. Atentan contra la posibilidad de "dar clase" o, formulado a la inversa, dificulta el aprendizaje de los alumnos debido a los desórdenes, indisciplina, desmotivación, y apatía en el proceso de enseñanza dentro del aula. Se manifiesta en conductas como la falta de cooperación, las insolencias, desobediencias, las provocaciones y agresiones, hostilidad y abuso, impertinencias y amenazas. También, a través de estrategias como pedir que se explique lo ya explicado para retrasar la tarea, hacer preguntas absurdas, mostrar objetos grotescos, etcétera.


Falta de participación
El informe del Iipe también se detiene a mencionar las situaciones en las que uno o varios alumnos o alumnas toman como objeto de agresión a otros compañeros sometiéndolos, por tiempo prolongado, a agresiones físicas, amenazas, hostigamiento o el aislamiento.

En este tipo de violencia están involucrados víctimas y victimarios, pero también todos los demás miembros de la comunidad educativa que al no participar, o bien consienten el abuso (los compañeros) o bien lo desconocen (padres, madres, docentes), reforzando así la acción intimidatoria.

A este panorama, se suma otra forma de violencia contra los docentes que es la física. Las pedagogas Adriana Puiggrós e Inés Dussel advierten que el quiebre de los lazos educacionales entre adultos y adolescentes se ha profundizado y difundido significativamente. Así como para las generaciones anteriores se presentaba el problema de que los jóvenes rebeldes discutían la cultura adulta, para los adultos actuales uno de los problemas más importantes es que los jóvenes niegan o ignoran su cultura. Cabría agregar que en ciertas ocasiones, algunos jóvenes no sólo ignoran o niegan la cultura adulta, sino también la integridad física de sus docentes.

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Víctimas y victimarios. En un lado y en otro se ubican los más chicos ante los hechos violentos.

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