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 domingo, 16 de mayo de 2004

Editorial
Las heces de las mascotas

El lanzamiento de una campaña destinada a "sensibilizar y concientizar" a los propietarios de mascotas que las llevan a hacer sus necesidades en plena calle debería ser sólo un primer paso para resolver el problema que constituyen las cincuenta toneladas diarias de excremento canino que produce la ciudad, gran parte de las cuales terminan en la vía pública.



Muchas veces, para radiografiar el real estado de desarrollo en que se encuentra una sociedad no es necesario recurrir a parámetros grandilocuentes. Por el contrario, es a partir de los pequeños —pero no nimios— gestos de la vida cotidiana que se puede medir el nivel de capacidad de convivencia que un grupo humano posee. Lamentablemente, semejantes exámenes distarían de desembocar en resultados positivos para la comunidad rosarina. Desde los innumerables accidentes de tránsito que provoca la más absoluta falta de respeto por las normas viales hasta la significativa pérdida de un valor clave como la cortesía con los mayores reflejan el notable deterioro. Pero basta transitar por las veredas de la urbe para comprobar la desidia y el profundo desinterés por el prójimo que manifiestan muchos ciudadanos: ¿o se puede explicar de otro modo que resulte necesario caminar con la vista permanentemente fija en el suelo a fin de no pisar excremento canino?

  Anteayer, en la plaza Pringles, un grupo de promotores de la Subsecretaría de Medio Ambiente municipal, en compañía de varios actores especializados en mímica, protagonizaron un curioso acto, destinado a crear conciencia entre los desaprensivos rosarinos que llevan a su perro a pasear y no son capaces de juntar las heces que el animal deposita con la imprescindible palita para introducirlas a posteriori en una bolsa plástica.

  A partir de una dosis de humor, y parodiando la figura de un árbitro de fútbol que les sacaba la tarjeta roja a los infractores, el elenco del municipio intentó educar a quienes a esta altura no parece necesario instruir en temas tan obvios.

  Porque aunque lo parezca, el hecho no es risueño y se vincula con la salud pública: la cantidad de excremento que se pudre a cielo abierto podría ser causa de peligrosas enfermedades. Se estima que los perros rosarinos producen un promedio de cincuenta toneladas de materia fecal por día.

  Bienvenida, entonces, la campaña de "concientización y sensibilización", que se lleva adelante en el marco del programa "Mantener limpia la ciudad". Pero debería ser enfocada, apenas, como el primer paso.

  Comportamientos tan reprobables como el descripto ameritan, en efecto, la sanción correspondiente por parte del poder público, tal como las infracciones de tránsito. Por ende, luego de una primera etapa meramente ilustrativa, se debería estudiar la manera de implementar instancias más drásticas. De lo contrario todo quedará en el olvido, después de un encogimiento de hombros y una sonrisa. Total, según bien se dice, "acá nunca pasa nada".

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