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 domingo, 26 de octubre de 2003

En Central primero hay que saber sufrir

Miguel Pisano / La Capital

Un culto al sufrimiento. Central carga con el estigma de no poder ganar un partido tranquilo ni siquiera cuando va en ventaja desde el comienzo, como ayer cuando venció a Independiente desde el vestuario, luego de la gran jugada de Vitamina y del penal de Carbonari.

Existe un gran número de causas para que sus hinchas sufran sobremanera, como ayer, cuando Central se cansó de dilapidar llegadas claras. El equipo de Russo contó con 14 situaciones netas. A saber: cuatro de Ezequiel, un cabezazo junto al poste derecho, dos derechazos apenas desviados (a uno no llegó Herrera) y un remate que Albil tapó en dos tiempos; un zurdazo alto de Papa; dos derechazos desviados de Herrera y un gol mal anulado por un supuesto offside; dos derechazos de Messera salvados por Albil y un tercero desviado; un cabezazo del Yerbatero salvado por Olarra; un cabezazo de Petaco en el travesaño y un derechazo de Belloso en el techo del arco.

En el otro extremo de la ecuación táctica hay que anotar que Central tiene un mediocampo con tres jugadores de muy buen pie (Messera, Vitamina y Ezequiel), pero que sólo posee en la recuperación al pacman de Herrón, que volvió a ser la figura de la cancha con una entrega conmovedora.

Y en el aspecto ofensivo también hay que apuntar que Central parece un equipo menottista por la cantidad y calidad de jugadores que posee desde la mediacancha hacia adelante, aunque carece de remate de media distancia, aunque ayer pateó más que en el clásico, cuando llegó hasta el área y casi no le pegó desde afuera. Hay equipos que tienen jugadores con menor capacidad técnica pero que generan más peligro, en un déficit sobre el que Russo deberá trabajar más todavía. En el otro extremo el equipo también padeció algunos sofocones bien resueltos por Gaona, aunque si hubiera convertido el diez por ciento de sus llegadas habría liquidado el partido mucho antes. Esas son las causas del sufrimiento dentro de la cancha, aunque no faltará quienes recuerden que el sufrimiento de Central también viene de afuera. Como la sabia letra del tango: en Central primero hay que saber sufrir.

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