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martes,
24 de
julio de
2007 |
Sobre el caso
García Belsunce
La cobardía de una mafia, en una alianza que reúne la familia de sangre y la política me horroriza. Y hablo de mafia, porque la "omerta" (silencio y obediencia) es propia de esas ilegales organizaciones. Un pequeño cohete en una habitación no deja a nadie con dudas, al explotar, de su existencia. Imaginen el olor de seis grandes cohetes (seis cartuchos 32 largo), como golpearían el olfato de toda la familia. El "pituto" jamás fue confundido con la traba de un estante; nadie lo tiraría por la consecuencia lógica de salir a comprar el repuesto cuando se vea de dónde falta; y sí, si se trata de una bala que pondría a tambalear este circo de sangre, simulación, mentiras y porque no, de corrupción. La versión de que se quiso ocultar un posible suicidio, es absurda, aunque aceptemos los seis balazos, como posible. Sería la primera vez que un suicida hace desaparecer el arma después de usarla. ¿Qué cosa es tan valiosa o tan comprometedora que nos haga olvidar de una hija, de una hermana o de una esposa?
Carlos E. Díaz de Azevedo
M.I. 6.475.981
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