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martes,
24 de
julio de
2007 |
Un pedacito
del Negro
Cansado y con bronca, el Negro decidió partir, descansar, cerrar sus ojos para siempre. No lo decía ni lo gritaba, pero para un tipo vital, tan lleno de vida, lo que le pasó debe haberlo llenado de bronca y de rabia, en sus últimos años. Porque el Negro vio venir su final lenta, trabajosa y deterioradamente. Y eso le da bronca al más pintado. Costaba trabajo explicarle a los periodistas qué significaba la Mesa de los Galanes, que el Negro inmortalizó en sus cuentos. Muchos creen que se trata de un reducto casi milagroso de la vida, cuando en realidad es una mesa de amigos, como cualquier otra. Sólo que ésta tuvo sentado a un famoso, que allí no era más que uno más. Porque jamás quiso ser algo distinto a eso: uno más. Y precisamente eso lo hizo un grande. Ni el Negro ni la amistad del Negro es propiedad de nadie. Nadie es "el más amigo" del Negro, porque él era de todos. Un grande siempre es de todos. Un pedacito del Negro le pertenece a todos y a cada uno de los que lo conocieron, de los que lo leyeron, de los que se rieron con él, de los que lo quisieron. Yo me quedo con mi pedacito del Negro, con eso me alcanza. Chau Negro, hasta siempre.
Lalo Puccio
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