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sábado,
17 de
diciembre de
2005 |
El martes pasado egresó la primera promoción del anexo Nº 1 de la Eempa Nº 1.307
El sueño de la escuela propia
Primero juntaron firmas, luego lograron que se les habilitara un aula para las clases, en el 2006 estrenarán su escuela. Nada fue fácil, hasta los profesores trabajaron un año sin cobrar. Esta semana se graduaron los 30 primeros alumnos
Marcela Isaías / La Capital
Primero reunieron unas 400 firmas, luego consiguieron la autorización para funcionar como aula radial en una pequeña sala de un centro comunitario, hoy están a punto de estrenar su propia Escuela de Enseñanza Media para Adultos (Eempa). Y, por si fuera poco, el martes pasado se recibió la primera promoción de estos alumnos protagonistas de esta historia, que comenzó en Empalme Graneros en el 2002.
"La escuela nació de la prepotencia de la gente", dijo una de las alumnas subida al escenario preparado para la graduación. Es que cuando se la pensó no fue por capricho. La inseguridad y las distancias de otros centros de formación no hacían sencilla la posibilidad de estudiar. Y ahora, cuando se repasan los hechos que hoy permiten estudiar a más de 120 personas su escuela secundaria, hay que creerles.
En el 2002 hicieron la petición al Ministerio de Educación de la provincia, al siguiente empezaron a dictar clases en el Centro Comunitario Alicia Moreau de Justo del barrio, un año más tarde se trasladaron a siete cuadras, a la sede de la Escuela Nº 456. Para el 2006, de ser el anexo Nº 1 de la Eempa Nº 1.307 pasarán a estrenar su propia escuela.
Aunque esta pelea hoy pueda resumirse en un párrafo, los tres años fueron vividos intensamente por docentes y alumnos. De hecho, los profesores trabajaron todo el 2003 sin cobrar, y aún la provincia les adeuda algunas horas cátedra de aquel entonces.
José María Medina, uno de los recientes graduados, habló de ese sacrificio. Tiene 44 años, tres hijas y trabaja en los Tribunales provinciales. "Después de 24 años sin estudiar me animé a la escuela. Me ayudaron mi esposa Gladis y los profesores. No me resultó fácil volver a tomar los libros, pero se puede. Es algo que me debía", dijo con su diploma en la mano y rodeado por su familia.
La historia de José María no fue nunca sencilla. Vivía en la isla y recién a los 12 años pisó por primera vez una escuela. Por su edad duró muy poco en el primer grado, así que de allí pasó a la escuela nocturna, donde finalmente alcanzó su séptimo. Pasaron más de 20 años para que volviera a las aulas.
José María es uno de los cuatro varones que egresaron. La mayoría (26 de 30) son mujeres. Algo que Petrona Sir, o Charo, como le dicen, considera como un valor especial. "El objetivo de esta Eempa era que las mujeres, que son muchas en el barrio, tuvieran la oportunidad de estudiar el secundario", dijo. Ella es una de las impulsoras de esta idea, primero gestada en el Centro Crecer Nº11, y luego concretada en el centro comunitario para el que trabaja.
Con tres hijos, tres nietos y su diploma en la mano, ahora promete duplicar su propio desafío de seguir estudiando. "No sé bien qué, pero seguro que algo relacionado con el trabajo social", apuntó no sin antes destacar el apoyo y empujón que cada alumno adulto recibe de sus familias.
Mara fue la encargada de leer la carta de despedida. Recordó en su lectura la historia de la escuela, puso el acento en "las ganas de estudiar" de la gente, destacó los logros de cada uno y señaló a María Delfina, una bisabuela de 78 años, como el ejemplo de perseverancia. Pero Mara también se detuvo en el eje que sostiene esta pelea: el derecho a la educación.
Por eso no titubeó en decir: "Primero fuimos números, después personas", con relación a las exigencias administrativas del Ministerio de Educación, como reunir "determinado número de alumnos" para habilitar la escuela.
Mario Ciliberto, el director de la Eempa Nº1307 y uno de los más aplaudidos en la ceremonia de graduación, se despidió de sus alumnos muy emocionado. "La educación tiene que ser para toda la vida, pero también durante la vida", dijo. Y sumó una nueva promesa: la de trabajar para que se abra un terciario docente y una escuela para chicos con capacidades diferentes.
"La idea del terciario la dio el maestro Salvador de la Escuela Puig. Contamos en esa institución con la infraestructura necesaria, el apoyo pedagógico de los institutos de formación y una buena cantidad de jóvenes dispuestos a estudiar. Sólo falta la decisión política", recalcó el director.
Antes de Ciliberto, la profesora Mirta Correa había hecho hincapié en su discurso en las utopías. "Hoy vemos que no fue imposible lograr el estudio", concluyó mirando a sus alumnos. Podría agregarse que tampoco fue imposible reunir el valor para levantar la propia escuela.
Historia
Las Eempas santafesinas tienen su origen en los bachilleratos libres, incorporados a la provincia en 1973. Contaban con un sistema de tutorías, por el cual los alumnos podían consultar regularmente a los docentes. De poco esta modalidad de trabajo se fue convirtiendo en una escuela formal.
En 1976, se transformaron los bachilleratos libres en acelerados, que trabajaban con personal contratado. Mientras tanto, los docentes de esta área dieron la pelea para que se reconociera al sector.
Más tarde —en épocas cercanas a la vida democrática— se consiguió transformar estos centros de bachilleratos en escuelas de enseñanza media para adultos. En 1983 se creó el reglamento general para las Eempas, allí adoptaron la categoría de escuela. Los docentes empezaron entonces a sumarse a estas escuelas como interinos. Actualmente en las Eempas oficiales asisten a sus clases unos 8 mil alumnos, sólo del departamento Rosario.
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Fotos
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En la escuela de República y Ottone se hizo entrega de los diplomas a los primeros graduados -la mayoría mujeres- de la EEmpa que impulsaron los vecinos.
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