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domingo,
23 de
octubre de
2005 |
Cada vez son más los vecinos
que se suman a las asambleas
A las reuniones del primer presupuesto participativo asistieron 2.300 personas, actualmente son casi 7.000
La ordenanza Nº7.326 que establece el sistema de presupuesto participativo se aprobó en mayo de 2002 con la intención de motivar la participación ciudadana en las tareas de gobierno de la ciudad, y aportar un instrumento de control y planificación de la administración municipal. La experiencia se puso en marcha ese mismo año y, de ahí en más, la cantidad de vecinos que se sumaron a la propuesta fue creciendo. De la elaboración del presupuesto participativo 2003 participaron -entre todas las rondas de reuniones- 2.326 personas; al año siguiente ya eran 5.878; en el 2005 fueron 5.081; y por las dos primeras asambleas de este año ya pasaron 6.932 vecinos de los seis distritos.
Aunque la experiencia no sólo creció numéricamente. "Año a año se nota un mayor conocimiento de las necesidades del barrio, y también de cómo se elabora el presupuesto y se planifica una gestión municipal. Al mismo tiempo hay un mayor grado de madurez en las discusiones, más conciencia de los derechos y de la posibilidad de interpelar a los funcionarios", asegura la secretaria General del municipio, Mónica Bifarello.
La opción de citar a los secretarios o directores del municipio para que rindan cuentas de sus decisiones se hizo cada vez más frecuente. Al punto que, este año, cada uno de los responsables de las secretarías o directores de áreas pasó una o dos veces por cada asamblea. Y en algunas tuvieron que atravesar por discusiones más que reñidas.
Para la consejera del distrito Noroeste, Verónica Rivas, el mayor beneficio del presupuesto participativo es el intercambio que se establece entre los vecinos. "Mi distrito es muy grande y muy disímil socioeconómicamente, pero lo bueno fue que pudimos conocer los problemas de cada zona y aprendimos a ser solidarios con las que tenían necesidades más urgentes", dice. La experiencia de Gustavo Orrego, consejero del Sudoeste, es similar. "La discusión se territorializa. No importa si sos católico o protestante, radical o peronista", asegura.
Estos encuentros sirven también para que los vecinos se movilicen en conjunto por otros problemas del barrio que no pueden ser resueltos por la gestión municipal. Por ejemplo, en el distrito Norte las reuniones sirvieron para que los vecinos comiencen a movilizarse para demandar más seguridad, y en el Sudoeste las asambleas sirvieron para ponerse de acuerdo y frenar la construcción de una alcaidía en el predio ubicado detrás de la Jefatura de Policía.
Todos destacan que las reuniones, las discusiones y hasta alguna que otra pelea han ayudado a mejorar la calidad de vida de los vecinos. Es que, producto de esta experiencia, en los barrios comienzan a aparecer obras: se pavimentan calles, se limpian basurales, se mejoran espacios verdes y centros de salud o se recuperan edificios. Los representantes de cada barrio se ocupan muy bien de que esto suceda. En cada consejo participativo se formaron comisiones de seguimiento que se reúnen todas las semanas para seguir de cerca la ejecución de las obras o la puesta en marcha de los proyectos.
En esto, la consejera del distrito Centro, Nora Pombo, es taxativa. "El funcionamiento del presupuesto participativo es una cuestión de confianza: los vecinos depositan sus expectativas en los consejeros que eligen y éstos en el municipio, que se compromete a ejecutar las obras. Esto último es muy importante porque, si después de tanto trabajo los proyectos no se realizaran, nada tendría sentido".
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