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domingo,
23 de
octubre de
2005 |
El gremialista cuyo temor se convirtió en realidad
"Yo no me considero un valiente. Tampoco he sacado diploma de cobarde. Pero tengo un solo temor: no ver las caras de los asesinos", le dijo José Ignacio Rucci a la revista Gente a fines de 1972. Por esos días, el líder de la Confederación General del Trabajo (CGT) había sido amenazado de muerte. La amenaza se cumplió el 25 de septiembre de 1973. El gremialista salía de su casa en el barrio porteño de Flores cuando una lluvia de balas se abatió sobre él y sus custodios. Más tarde, con el humor negro que caracteriza las metodologías mafiosas, sus asesinos divulgarían que el operativo que lo eliminó se llamó "Traviatta", porque el gremialista quedó con "23 agujeritos". El día del asesinato, Perón lloró por primera vez en público. "Me cortaron las patas", dijo. El temor de Rucci se había hecho realidad. No vio las caras de los asesinos. La mayoría de los disparos le ingresó por la espalda.
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