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 domingo, 25 de septiembre de 2005  
[Informe especial] La escuela que duele (segunda entrega)
El secreto como pacto
Poco se sabe sobre cómo sigue sus días Junior, el autor de la masacre escolar en Carmen de Patagones. Tampoco hay rastros de su amifo Dante. Ambos piden cambios de identidad

Lisy Smiles / La Capital

A casi un año de que Carmen de Patagones fuera el escenario de la primera masacre escolar en el país, secretos y misterios aún aparecen en los testimonios que se brindan sobre lo ocurrido. "Se dicen muchas cosas", suelen advertir aquellos que están dispuestos a hablar pero que aceptan hacerlo desde el anonimato. Después, esa advertencia es como si funcionara de llave para que el relato comience a desnudar detalles.

Junior (Rafael S., 15 años por entonces) era alumno del 1º B del polimodal de la Escuela Media Nº2 Islas Malvinas. El 28 de septiembre del año pasado irrumpió en su aula, apenas sus compañeros habían ingresado, armado con una 9 milímetros de su padre, un miembro de Prefectura Naval. Disparó un cargador completo y recargó la pistola con otro, del que salió una sola bala. Mató a tres chicos y malhirió a otros cinco. Dante era su amigo, su mejor amigo, y los testimonios los unen. Como si hubiesen funcionando ese día como un tándem. A tal punto esa unión está vigente que ambos, a través de sus familiares, hoy piden un cambio de identidad.


COMO CONTAR LA HISTORIA
"Ese algo tuvo que ver". "Ese" refiere a Dante. La fuente, que habló con Señales en una oficina ubicada en Carmen de Patagones, está convencida de que si a esa unión la hubiesen detectado quienes tuvieron en sus manos la instrucción de la causa "la historia se contaría de otra manera".

Tras la masacre escolar, Junior fue detenido y al tiempo declarado inimputable por ser menor. Y Dante, permaneció un tiempo en la escuela -luego de la tragedia- hasta que pidió un traslado a otro colegio De ninguno de los dos se sabe dónde están actualmente. O mejor dicho no se lo indica oficialmente.

El 28 de septiembre del año pasado, el día de la matanza, Junior estuvo detenido algo más de un par de horas en la comisaría de Carmen de Patagones y luego fue trasladado a Bahía Blanca, donde recayó la causa judicial que estuvo en manos de la jueza Alicia Ramallo. Después, fue trasladado a un instituto de máxima seguridad para menores, ubicado en algún lugar de la provincia de Buenos Aires.

"Allí era un chico raro, pero no por sus características que ya se conocían (retraído, solitario, poco comunicativo) sino porque además no venía del circuito del delito", advierte otra fuente consultada por Señales y que se desempeña en el ámbito bonaerense. "La mayoría de los menores que están ahí son reincidentes, con delitos pesados, cargan con adicciones y rara vez tienen contacto con sus familias", explicó.

Junior, en cambio, hasta el día de la tragedia en la escuela Islas Malvinas nada tenía que ver con el delito. "En el instituto era muy callado y no se relacionaba con nadie, jugaba al ajedrez y su familia lo iba a visitar bastante, tenía contención", se detalló. Pero un día protagonizó un incidente de autoagresión, "no llegó a ser un intento de suicidio".

-¿Qué elemento utilizó?

-Un palito de helado. No fue nada grave, pero la jueza decidió por prevención derivarlo a una clínica neuropsiquiátrica.

El nuevo destino de Junior es otra vez un misterio y un secreto acordado entre los funcionarios relacionados con el tema. Hay un pacto de no decir dónde está esa clínica, en tanto Rafael S. es menor. Hay quienes creen que no hubo tal autoagresión aunque sí una agresión de otros internos, y que la decisión de la jueza fue preventiva para preservar su seguridad ya que, al declararlo inimputable por ser menor, el Estado ejerce su tutela.

El mismo secreto se extiende sobre Dante. Funcionarios del área de Minoridad y de Educación han manejado su situación. Primero el traslado de Carmen de Patagones a una escuela de otro lugar y ahora el cambio de identidad. Mientras desde Educación de Patagones se aseguró a Señales que nada se sabía del destino de los dos chicos, unas horas antes de esa afirmación este diario pudo saber que un familiar muy cercano a Dante llamó a esa repartición para contactarse con un directivo. "Es por el cambio de identidad", se escuchó comentar.


ANTES Y AHORA
Dante y Junior se sentaban juntos en la escuela. De ellos se dice que tenían gustos comunes. Eran amigos, adolescentes. Hasta ahí los relatos coinciden. Pero empiezan a diferir cuando se detalla lo ocurrido en el aula el día de la masacre.

"Ese día Junior rompió el ritual que cumplía siempre: llegaba primero, dejaba los útiles en el aula y salía a formar entre los primeros. El 28 de septiembre del año pasado -asegura un periodista de la zona-, apenas entró fue al baño con Dante, formaron, y esta vez entraron al aula entre los últimos. Junior se sentó, se levantó y empezó a tirar". El relato, en esta versión, incluye a Dante en un momento clave, el encuentro antes de la matanza.

Otra fuente ubica a Dante en el final del episodio. "Nadie desarmó a Junior, eso es mentira", aclara. Es que según relatos de algunos testigos, alguien (probablemente un compañero) intentó desarmarlo y por eso fue herido. "Si vos te parás y disparás en segundos 13 balas sin detenerte, es imposible que alguien intente desarmarte sin salir algo más que herido. Y al segundo cargador lo metió enseguida porque conocía el mecanismo del arma. No se le trabó, dejó de tirar porque Dante apoyó su mano en el hombro de Junior y le dijo «ya está, ya pasó todo»", y Rafael S. dejó caer el arma, alguien la recogió y se la dio a un preceptor.

Dante y Junior salieron del aula, segundos después llegaron dos agentes de policía y Junior fue detenido. Dante quedó a metros del lugar. Y también fue a la comisaría porque se lo requirió como testigo, confundido con un mayor de edad. Horas después, su padre logró que se despejara la confusión -según la fuente- y Dante salió de la comisaría mientras su amigo era llevado rumbo a Bahía Blanca, sede del juzgado de menores que tomó la causa. El traslado de Rafael S., también se decidió ante el temor de que padres de las víctimas atacaran la comisaría. De hecho habían comenzado a reunirse en la puerta de la seccional.

La salida de Dante de la comisaría encierra para algunos observadores del caso otra intriga. ¿Qué hubiera pasado si se hacía un allanamiento en la casa de Dante en ese momento? "La historia que hoy se cuenta sería otra, ese algo tuvo que ver", estiman en Carmen de Patagones.

Pero de hecho, ambos cargan con la tragedia: dos chicos, compañeros de escuela, que se sentaban juntos, que escuchaban música juntos. Junior internado en un neuropsiquiátrico y Dante en algún lugar intentando no ser quien es.
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El mural que los chicos pintaron días después de la masacre.

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