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 sábado, 30 de abril de 2005  
opinión
El hábito no hace al monje

Luis Alberto Yorlano / Especial para La Capital

Cada lunes los protagonistas del fútbol de nuestra ciudad, una de las más futboleras del país, nos sorprenden con frases que no condicen con las circunstancias que se producen en torno al fútbol. Hace dos lunes, Cuffaro Russo gritó a los cuatro vientos: "Ahora si somos candidatos". Este último lunes, Arsenio Ribeca, dijo que es "un técnico de transición". No sé a cuál de las dos darle el premio a lo descabellado. En fin: hace un tiempo que en los dos equipos de la ciudad vienen sucediendo cosas muy extrañas.

En Rosario Central, Andrés Díaz, de un día para otro, anunció que no estaba en condiciones anímicas de participar en el primer equipo. Y nadie hizo nada. Ni se pidió un estudio para saber si existe algún problema serio en la psiquis de este joven y promisorio volante. Y lo más grave: con su ausencia, bajó el rendimiento Ledesma, y con la falta de potencial en estos dos, cayó Papa. Vitti empezó a jugar a nada, y a Villa no le llega una pelota ni de casualidad. En lugar de solucionar urgente el tema Díaz, sus familiares están a la pesca de que algún periodista diga cosas que consideran incorrectas. ¿Pero quién sabe la verdad? Y los responsables del equipo tratan de armarlo como pueden y con lo que tienen, mientras que los dirigentes están rezando desde hace algunos días para que sus dirigidos le ganen a Vélez porque Miguel Russo es un enemigo de la comisión directiva. ¿No es hora que se blanqueen algunas de estas situaciones?

Vitti jugó un partido bárbaro frente a San Lorenzo y ahora cree que ya está todo hecho. Y encima, para que se recupere le quieren dar descanso. Yo no conozco que algún jugador se haya recuperado vagueando. Central en este Clausura llenó de ilusiones a sus hinchas y nadie tiene derecho a privar a estos de sus mejores jugadores. Los que ganan los partidos difíciles son los protagonistas diferentes. Andrés Díaz y Vitti lo son y tiene la obligación de dar lo mejor de sí, y quienes los dirigen saben cómo encaminarlos hacia la recuperación. Pero no parándolos para que vuelvan a su nivel. Toda persona que ocupe un cargo relevante, como es este caso el técnico, debe tener hábitos que los relacionen con su función y actitud. No sirve sólo el hábito con el que se viste el monje para serlo, en este caso un saco que diga DT no lo hace técnico.

Ribeca podrá encontrar un sastre para que confeccione su hábito, lo que será difícil es que encuentre la actitud que se necesita en ese oficio, donde el único requisito es haber jugado al fútbol. Ahí está la confusión. Si Ribeca sabía que era de transición, por qué perjudicó a jugadores como Borghello. ¿O acaso la gente se olvida que el gol más importante que hizo Newell's para encaminarse hacia el título fue el que hizo este jugador frente a San Lorenzo? No entiendo cuando dice que no vende "humo". Es muy difícil vender humo cuando no se prendió el fuego. Y menos cuando se usan muletillas como que "voy a ser derecho y honesto", condiciones que estamos obligados a cumplir todos los seres humanos. Ribeca cometió un error. Premió y castigó a jugadores jugando con el futuro de estos, sin importarle si mañana dejaba de ser el entrenador. Utilizó el momento. Esto le sirve para el futuro, pero para su futuro. Haber dirigido al último campeón lo ayudará a encontrarse con algunas otras oportunidades. Y cuando señala que "hablar de jugadores y técnicos mientras hay gente trabajando, es una falta de respeto", le digo: no apunte al periodismo, los culpables están dentro del círculo donde usted se maneja. l
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