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miércoles,
20 de
abril de
2005 |
Opinión: El racismo y el valor de las palabras
Víctor Ramos
Los argentinos en el fútbol tenemos un discurso racista, xenófobo y discriminatorio. Este fenómeno es mundial, pero la diferencia es que en el resto del planeta se lo combate y aquí se lo ignora.
La violencia siempre tiene una causa discriminatoria. Las personas se van a las manos a partir de una ofensa, pero no cualquier ofensa, sino de una que nos menoscabe y humille en nuestra integridad como seres humanos. Por ejemplo, cuando se nos ofende por nuestra condición sexual o social, nuestra religión, nuestro aspecto físico, por una discapacidad o por nuestra nacionalidad o deología. Quien vulnere esta línea es muy probable que provoque en la víctima una reacción violenta. No siempre es así: en algunos países actúa la justicia (como en Brasil), y el agresor marcha preso. En nuestro país no está penado discriminar. Se lo considera un agravio, una injuria o un daño moral. Sólo entra en la órbita penal cuando hay otro delito. Por ejemplo, en el "caso Salgueiro", cuando una patota neo nazi atacó a un joven porque "creían que era judío". El delito fue, según el Código Penal, la agresión física y el "por judío" fue el agravante, de acuerdo a la ley antidiscriminatoria. En nuestro país, decir "negro de mierda" o "judío de mierda" no es un delito, sino un daño moral. En Brasil, Estados Unidos y los países europeos sí lo es. En la Argentina pareciera que las palabras no tienen el mismo valor que en otros ámbitos. Es hora de que nos hagamos cargo de lo que decimos. La Fifa viene realizando campañas incesantes contra el racismo y sería bueno que la AFA adoptara una postura similar, no sólo para educar a los jugadores, como en este caso, sino a muchos de los hinchas que en ese aspecto no son mejores.
Víctor Ramos es presidente de SOS Discriminación Internacional.
Fue interventor del Inadi
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