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miércoles,
20 de
abril de
2005 |
El hermano no lo podía creer
A sus 81 años tenía, hasta ahora, una vida regulada, lo cotidiano era de una organización puntillosa. Todas las mañanas, Georg Ratzinger celebra misa en la iglesia de San Juan, al lado de la majestuosa catedral de la ciudad de Ratisbona (Regensburg, en alemán). Después descansa escuchando música clásica o se pone a tocar el piano. A las 12 almuerza, y posteriormente viene la siesta, en un ritual que el octogenario practica desde hace décadas.
Hasta ahora, hasta ayer. El prelado es el hermano mayor del nuevo Papa, Benedicto XVI.
Hasta el final, Georg Ratzinger descreía de todas las versiones que sindicaban a su hermano, tres años menor que él, como candidato a la sucesión de Juan Pablo II. Tras conocer la noticia quedó perplejo.
"Siguió la transmisión por televisión y al conocerse la noticia se hundió en el sillón y desde entonces no ha pronunciado una sola palabra", dijo Agnes Heindl, el ama de llaves del prelado. "Jamás lo vi en este estado", dijo la mujer.
En los últimos días, cuando aún hablaba, no se cansaba de repetir: "Mi hermano no va a ser Papa, segurísimo". Pero el lunes, un día antes de la elección, Georg Ratzinger, durante muchos años director del reconocido Coro de Niños de Ratisbona, había relativizado su posición.
"Lo lógico es que a una persona de su edad (el nuevo Papa tiene 78 años) no se le encomiende una tarea de semejante responsabilidad", señaló, tratando de espantar los fantasmas que ayer se convirtieron en realidad.
Desde el momento en que los 115 cardenales cerraron las puertas de la Capilla Sixtina para celebrar el cónclave, Georg no tuvo noticias de su hermano, con el que suele hablar asiduamente por teléfono, casi a diario, desde que Joseph se trasladó a Roma en 1982 al asumir como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
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