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 domingo, 07 de noviembre de 2004  
Interiores: Preguntas y respuestas

Jorge Besso

Con toda probabilidad nuestros hermanos biológicos los animales, con los que nos unen tantos lazos genéticos y demás, son seres que no se hacen preguntas aunque es cierto que en particular los perros cuando los humanos hacen alguna cosa extraña, lo que por cierto no es nada extraño, suelen inclinar su cabeza hacia un lado y la dejan suspendida en esa posición interrogativa hacia su amo, demandándole alguna señal que le permita entender la situación, ya que la inclinación interrogativa hasta pareciera deslizar un matiz crítico.

Momento de fina comunicación entre el perro y su dueño o dueña, en donde es de pensar que no todo quedará aclarado entre ambos lo que dará a la comunicación de ese instante una cierta calidez: la calidez esencial de no sentirse solos. Es posible que en un congreso para dilucidar preferencias, las respuestas sean ampliamente preferidas a las preguntas. Pero la preferencia por las respuestas no deja de ser una preferencia un tanto neurótica o algo más grave, pues se trata de una exigencia o una adicción a las certezas, y la cuestión es que las certidumbres son un producto más bien escaso en la vida cotidiana.

En las infancias pre televisivas argentinas y durante un tiempo que no sabría precisar, en las noches radiales emitían un célebre programa de preguntas y respuestas conducido por el locutor de locutores, Cacho Fontana, la voz de la radio y la voz de Odol Pregunta, probablemente por un millón de pesos (o vaya saber qué moneda). Programa estelar donde se hizo famoso un chico Domínguez, muy rápido para las respuestas. En realidad mucho más rápido de lo que imaginábamos y de lo que sabíamos.

El programa venía justo después del Glostora Tango club y de los Pérez García, familia de apellido anónimo, es decir que podía ser cualquier familia, y que en el imaginario de ciertas generaciones argentinas quedó totalmente identificada con los problemas al punto que todavía se puede oír que "fulano tiene más problemas que los Pérez García". En el programa de Odol la estrella era la respuesta, de ninguna manera la pregunta puesto que la platita se la llevaba el que sabía las respuestas a las preguntas. En todo lo que tiene de neurótico el mundo, que no es poco, una de las estrellas del firmamento de la neurosis es esa preferencia por la respuesta antes que por la pregunta, ya que es lo que le pedimos, o le exigimos (que en el fondo es lo mismo) al otro y a las cosas en la medida que por lo general buscamos respuestas rápidas y satisfactorias para casi todo.

La cuestión naturalmente se invierte cuando somos preguntados, y la respuesta es algo que depende de nosotros razón por la cual pasamos de exigentes a exigidos, pero eso no cambia el fondo del asunto, esto es que se da como obvio que la importancia de la pregunta está en la respuesta (lo que sólo en alguna medida es así). En suma, las relaciones entre las preguntas y las respuestas implican cierta complejidad a partir de la cual quizás se pueda invertir la importancia de los términos en juego, es decir comenzar a pensar más en la pregunta que en la respuesta, teniendo en cuenta que:

u Hay preguntas que no tienen respuestas.

u Hay preguntas que tienen más de una respuesta.

u Hay respuestas para todas las preguntas.

Cuando algo contiene las respuestas a todas las preguntas ese algo es un dogma, en tanto y en cuanto en un dogma y con un dogma, ninguna pregunta puede quedar abierta. Los dogmas no tienen fisuras por donde se pudieran escapar cosas, por ejemplo alguna pregunta mal contestada que deslizándose a través de la hendidura se lanzara hacia otros lugares en busca de respuestas. O lo que es peor que por la fisura entraran preguntas no muy previstas por el dogma. Es el caso de los dogmas religiosos y de los dogmas políticos ideológicos.

Por el contrario, por fuera de los dogmas, que dicho sea de paso es por donde transcurre la vida, las preguntas y las respuestas bailan una danza con encuentros y desencuentros como sucede en tantos bailes. La pregunta clásica por el comienzo de la vida en el planeta que habitamos, tiene un racimo de respuestas que van desde los probables orígenes que sugiere la ciencia, hasta las respuestas con formato de certezas que vienen desde Dios.

Pero así y todo en el aire queda flotando la impresión de que la pregunta sigue sin respuesta. La pregunta respecto de cuál es la mejor organización política para una sociedad, tiene como se puede constatar, varias respuestas. Pero con toda probabilidad haya un mayor consenso en el sentido de que dicha organización política es la democracia, con el inconveniente de que a la hora de definir qué es la democracia el consenso se evapora con mayor rapidez que la velocidad con la que se formó.

Un periodista francés en estos días soltó la siguiente reflexión: "Cuando las ideologías se convierten en religiones no es de extrañarse que las religiones se conviertan en ideologías" y el periodista pondrá como ejemplo al estalinismo para mostrar una ideología que devino religión. Pero hoy el escenario mundial tiene otro dramatismo ya que asistimos a una lucha de religiones, en tanto y en cuanto el mundo es el campo de batalla entre la religión capitalista con su Papa reelecto en estos días, y las religiones fundamentalistas que lo amenazan y enfrentan.

A esta altura ambos dogmas se necesitan, ya que uno no es sin el otro, y en esos mundos tan redondos no sólo todas las preguntas tienen respuestas, sino que hay respuestas antes de que haya preguntas. Respuestas que impiden que puedan surgir preguntas, pues las preguntas en el fondo siempre pueden cuestionar. Una pregunta sin respuesta es la manifestación de la tolerancia; una respuesta sin pregunta es la consagración de la intolerancia, y es en eso en lo que consiste la locura. Resistiremos: para que haya un mundo en que pueda haber preguntas aunque no haya respuestas, o con respuestas que lleven a otras preguntas.
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