 | sábado, 07 de agosto de 2004 | Miguel Angel Santos Guerra: "La felicidad, clave para aprender" El pedagogo español explica los alcances del proyecto educativo El pedagogo español Miguel Santos Guerra disertó en Bombal, a principios de julio pasado, en el marco del proyecto pedagógico "Aprender a pensar y a convivir". El educador es maestro y profesor de la Universidad de Málaga (España) y autor de numerosos libros y publicaciones. Santos Guerra reflexiona validando un lugar poco habitual, el de la calidez y la ternura. Las mismas cualidades que asegura resultan indispensables en el aprendizaje. Dice que "la felicidad es clave para aprender".
Claro que para esto hay que dejar atrás los rígidos esquemas que miden con vara rasa las peculiaridades que enriquecen a cada ser humano y lo vuelven por eso mismo único y digno. "En una ocasión, un maestro llamó olmo a un equipo de alumnos, porque estaba convencido de que no eran capaces, por aquello de no pedirle peras a ese árbol; esto es devastador", relató. Y acotó que no hay mayor opresión que aquella en la que el oprimido "meta en su cabeza los esquemas del opresor".
-Días atrás un grupo de octogenarios daba cuenta de una fuerte relación con su maestra centenaria. ¿Qué vínculos resultará de las arenas movedizas en que se convirtió la sociedad en la actualidad?
-Puede suceder que en una sociedad turbulenta, con situaciones sociales problemáticas y con desarraigos, la escuela permita mantener vínculos más tranquilos y sólidos, porque es un espacio que está protegido de la turbulencia exterior. Es necesaria una disposición del individuo para aprender, el auténtico maestro es el que genera las condiciones para que esa disposición se produzca, y sólo sucede en el afecto hacia los alumnos.
-¿Les preocupa a quienes trazan las lineas gruesas de los sistemas educativos anclar el aprendizaje en el afecto y en la personalización?
-Desde el punto de vista político, no. Quizás porque la escuela por tradición es el reino de lo cognitivo, donde el aprender tiene que ver con saberes teóricos y destrezas prácticas. Ahora, con teorías como la inteligencia emocional y corazones inteligentes, por ejemplo, se está percibiendo que se puede superar esa disociación. La escuela no debe actuar como una cárcel de los sentimientos. Me gustaría saber por qué en la escuela así como se le pregunta al niño qué sabe no se le pregunta qué siente. No se le suele preguntar eso.
-Si desde pequeño se les hiciera esa pregunta en la escuela, ¿serían otras las personas y otra la sociedad?
-Seguro. Por eso la pregunta es fundamental. El tema del sentir debe estar presente en el diseño del currículum, en la dinámica de la escuela y en la micropolítica de las relaciones que allí se establecen. El proyecto en el que estamos trabajando en Bombal se llama, justamente, "Aprender a pensar y a convivir", porque son los sentimientos los que nos hacen felices o desgraciados. Para qué sirven los conocimientos si no se ponen al servicio de la felicidad y de la solidaridad de los individuos en un marco democrático.
-¿Por qué en la formación se escamotea el ideal de felicidad y se privilegia riqueza, poder y fama, por ejemplo?
-Porque la escuela no está libre de las trampas de la sociedad, desde donde se filtran los comportamientos, las actitudes, los pensamientos y allí está la contradicción de modelos que reciben los jóvenes desde ambos lados; en un caso por vía de la argumentación y en el otro por la seducción.
-¿Una persona educada en la felicidad es más sensible para percibir la injusticia?
-Si los grandes pensadores del sistema educativo son los que llegan a la cúspide del éxito social, los que gobiernan un país, si no están preocupados para que disminuya la ignorancia, la injusticia, la desigualdad, la opresión, es más, si ellos mismos se constituyen en ejemplos vivos de corrupción, por qué hablamos de éxito del sistema educativo que no plantea la felicidad y los afectos.
"Que gane el mejor" Para Santos Guerra una de las trampas más naturalizadas en el sistema educativo, está en el creer que las condiciones están dadas para todos. "Esto no es así, si lo asemejamos con una carrera vemos que muchos corredores tienen las piernas libres pero otros están amarrados. Las amarras representan a la pobreza, a los inmigrantes, al género, a las capacidades diferentes, a modo de ejemplo", aseguró.
Y fue por más, "el engaño reside en que la dimensión técnica de la educación de lo único que se ocupe sea que la meta esté en el mismo sitio para todos y que haya un cronómetro fiel para todos, pero ahí justo está la trampa", comentó. Además, alertó sobre los efectos de la evaluación en la subjetividad. "Si diferentes personas tienen que realizar la misma prueba, es posible que alguna llegue último, lo que se asume como un fracaso y esto es devastador para quien lo sufre, marca su vida para siempre", comentó. Y acotó que la escuela suele hacer profecías de autocumplimiento.
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