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 domingo, 18 de julio de 2004

Para Silvia Armoa, "el maquillaje es cultura"

"En el maquillaje es preciso tener en cuenta la intención, la duración y la ocasión. Las emociones también juegan un papel muy importante. A diferencia de un cuadro, maquillar es pintar sobre un soporte humano que no siempre se siente de la misma manera". Con esta descripción la maquilladora Silvia Armoa pone de manifiesto su dedicación y minuciosidad a la hora de embellecer un rostro. Tuvo el privilegio de ser la primera maquilladora de televisión a color.

Reconocidos periodistas de la ciudad depositaron su confianza en una joven de apenas 17 años que los arreglaba antes de salir al aire. Durante su capacitación en Buenos Aires, maquilló al elenco de Rosa de Lejos y otros programas que en ese entonces se emitían. Tenía todas las condiciones para abrirse camino en esta profesión.

Armoa se desempeñó como experta de belleza durante varios años y tomó contacto por primera vez con el maquillaje artístico en el teatro Colón. "Si las puertas se me abrieron para continuar con el maquillaje, debía hacer algo para crecer y pulir una técnica que tiene poco espacio". Hoy con 43 años y esta forma de pensar, está cursando cuarto año de la carrera de Bellas Artes. Además forma especialistas en maquillaje social y artístico y organiza seminarios de automaquillaje.

Se siente agradecida con su profesión porque le brindó la posibilidad de conocer y relacionarse con mucha gente, y se sorprende porque sus hijos también se interesaron por carreras y estudios afines. La maquilladora conoce de pinturas sobre pasarelas y escenarios. Pero también incursionó en otras técnicas que el mercado impone como el bodypainting los tatuajes efímeros y los aerosoles, porque como dice Armoa "para probar otras formas, hay que tener un criterio amplio".

- ¿Cómo adaptás tu nueva carrera al maquillaje?

- La implemento en los talleres, en temas relacionados con historia del arte, teoría del color y de las formas. Viro el maquillaje hacia otro ángulo. Formo maquilladores pero los posiciono desde el contexto social, histórico y cultural. Les cuento cómo cambian las décadas y los mensajes del maquillaje, instalados como función social.

- ¿De qué manera influye el contexto social?

- El maquillaje cambia de acuerdo a la cultura. Estamos inmersos en una sociedad europeizada. No es lo mismo maquillarse o enseñar a maquillar en Rosario que en Bolivia o en México. El color de la piel o las facciones del rostro son determinantes. El ideal de belleza que se impone es el rostro oval, del renacimiento. Pero cuando no tenemos las condiciones dadas que manda la sociedad de consumo ¿qué hacemos? Es necesario aceptarse uno mismo para mejorar la imagen desde adentro y colorearla hacia afuera.

- ¿Se maquilla la mujer actual?

- Sí, pero quiere disimularlo. El rostro es nuestra carta de presentación, porque estamos en la cultura de la imagen. Para ingresar a un trabajo es lo primero que se tiene en cuenta. La mujer quiere aprender a maquillarse. Hay personas que sólo se pintan los ojos o la boca y es lo mismo que al frente de un chalet se le pinten las ventanas y puertas y no la pared. La mujer suele observar en la otra lo feo, la mancha o la ojera. Yo no creo que haya mujeres lindas y feas, sí arregladas y desarregladas.

- ¿Cuál es la tendencia que sobresale?

- Se estila el maquillaje correctivo es decir por oposición: donde hay algo oscuro se aclara o donde hay algo grande se achica. Así se trabaja sobre las líneas de expresión, los surcos, las pecas y manchas que aparecen en los meses de invierno. El color no existe, sí un pigmento determinado por la luz, la duración, la distancia, la temperatura y la intencionalidad. No existe un sólo criterio, cada uno debe adaptarse a lo que viene. Los grandes mercados proponen el brillo y los rubores satinados.

- ¿Qué ocasión preferís a la hora de maquillar: teatro, casamiento o modelaje?

- Todas me producen una sensación diferente. Maquillar a una novia me da placer por la intención y la emoción que gira en torno a este acontecimiento. En un desfile, me estimula la intensidad de maquillar a treinta chicas en una hora. También me gusta dar clases. Quiero lo que hago, quizás por eso se me abrieron muchas puertas.

- ¿Y en la actuación?

- En esta área es diferente porque no se maquilla la persona sino el personaje. En la actuación se busca deformar el rostro, dar otra imagen, trabajar con técnicas de avejentamiento, rejuvenecimiento o maquillaje de época. Podríamos decir que el maquillaje es el "arte de la mentira". Dibujamos sobre el rostro otra cara, a veces mediante prótesis que pueden ser de caucho. Lástima que en Rosario aunque está latente, todavía no existe un espacio de producción.

- ¿Qué es lo que más te gratifica?

- Haber maquillado para televisión y haber tenido la posibilidad de trabajar en un canal porteño. Pero en ese momento vivir en Buenos Aires con 19 años y alejada de la familia no era lo mismo que ahora. Me movilizó porque venía de una escuela comercial. Como muchas otras adolescentes, hice un curso para aprender a maquillarme y terminé en un canal de televisión y luego capacitándome en un medio nacional. Maquillé a Leonor Benedetto, Juan Carlos Calabró y Gerardo Romano. Aprendí qué era la luz, el cromatismo y la cámara. Cuando regresé a Rosario, volqué mis nuevos conocimientos en un mercado que no tenía competencia.

Paulina Schmidt

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Silvia Armoa tuvo el privilegio de ser la primera maquilladora de la televisión a color.

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