 | domingo, 13 de junio de 2004 | Vidas atadas a la adrenalina "Salir a buscar a los compañeros a la noche fue la adrenalina más grande", recuerda Redmond, que esa noche debió ascender en medio de un viento blanco y una nube de nieve. "Caminé muchos metros gritando, con la piquete en una mano y las cuerdas en la otra, sin radio, sin comunicación permanente", cuenta. Después se quedó sin cuerdas y sintió que el mundo se le caía encima, y arriba Víctor Herrera les gritaba que si llegaba hasta donde estaban ellos les salvaba la vida. "Ahí tuve que hacer un ejercicio psicológico, me dije que no había abismo de dos mil metros, que me separaba de ellos sólo un paso. Tenía que vencer el miedo. Y quizás, que estuviera todo oscuro haya sido una suerte, porque cuando uno se asoma a un abismo y no está encordado, la adrenalina se siente", confiesa. enviar nota por e-mail | | Fotos | | Jefe. Damián Redmond lideró el viaje. | | |