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 domingo, 30 de mayo de 2004

[Memoria] La masacre de Plaza de Mayo
El desafío de romper un silencio histórico
Una investigación devela la trama oculta de los bombardeos de junio de 1955, una conspiración en la que también intervinieron militares golpistas en 1976

Daniel Pérez

El libro "La Masacre de Plaza de Mayo" sobre los 300 muertos del bombardeo del 16 de junio de 1955, revela una virtual conspiración del silencio en torno a ejecutores y víctimas, y la participación de militares, entonces oficiales jóvenes, que luego fueron jefes de la dictadura entre 1976 y 1983.

Gonzalo Chaves, autor del libro publicado por Editorial de la Campana, investigó aquella trágica jornada donde, además de los muertos, hubo dos mil heridos y mutilados.

El autor pudo reconstruir la lista de las víctimas fatales, así como también la de los pilotos autores del luctuoso suceso.

El libro resalta como hecho trágicamente cierto que a partir del 18 de septiembre, apenas 48 horas después de las 300 muertes, tanto la prensa opositora como la oficial silenciaron el tema. Una cortina que aún hoy sigue tapando uno de los hechos más aberrantes de la historia política nacional.

-¿Cuál fue el motivo que lo llevó a concretar el libro?

-El disparador fue la pregunta que formuló una tarde, ya hace más de cuatro años, Laura Bonaparte, una de las Madres de Plaza de Mayo. Ella estuvo en La Plata, en un acto en la Facultad de Trabajo Social donde había una audiencia de cientos de personas y preguntó si alguno podía dar el nombre de uno de los más de trescientos muertos que hubo en el bombardeo de Plaza de Mayo en 1955. Como nadie respondió, pidió un solo nombre y nada: silencio total.

-¿La memoria planteó el desafío?

-Sí, yo tomé ese desafío. El tema era por dónde empezar. Entonces recordé una frase de Rodolfo Walsh: "todo lo que uno quiere conocer, hasta lo más secreto, está en fuente pública". Fui a los diarios y encontré más información de la esperada. Aparecieron las listas de los muertos, de los heridos y de los aviadores que bombardearon: los protagonistas. Esa información está concentrada en los diarios del 17, el día después. Si uno toma los diarios del día 18 el panorama cambia y me refiero tanto a los medios oficialistas, como a los opositores. Ya no aparecen fotos de los muertos ni de los marinos involucrados. Me pregunté el por qué de esto y no tengo una respuesta.

En esa masacre hubo actitudes valientes y una de ellas es la de Carlos Elizagaray, que brindó su testimonio. En el 55 él era oficial del Ejército del arma de artillería y estaba en Buenos Aires de paso porque su destino era Mar del Plata. Cuando se enteró que estaban bombardeando, respondiendo a su instinto de soldado, fue a defender el gobierno constitucional y contó lo que vio en la plaza y en las calles. El cuadro fue escalofriante. Vio el trolebús en el que viajaban alrededor de cuarenta personas, muchas de las cuales eran escolares, y al que le cayó una bomba sobre el techo. La bomba no explotó pero produjo un vacío en el interior, que mató a todos. Además del testimonio oral están las fotos que muestran las cabezas de las víctimas cayendo por las ventanas, pedazos de muñecas, cuadernos. Esas son las cosas que más me pegaron en esta investigación.


CARAS CONOCIDAS
-Hasta la aparición del libro parecía que la investigación histórica había dicho todo sobre este hecho.

-Me sorprendió conocer que también bombardearon la residencia de Perón, que estaba en donde está hoy la Biblioteca Nacional; el Departamento Central de Policía, la CGT, que fue ametrallada; el que era el Ministerio de Obras Públicas y que hoy es el Ministerio de Desarrollo Social.

-Seguramente hizo descubrimientos...

-Me sorprendió descubrir entre los protagonistas de la masacre del 16 de junio de 1955 a hombres y nombres que participaron en el golpe del 24 de marzo de 1976, como los dos secretarios del ministro de Marina Olivieri, que fueron Emilio Eduardo Massera y Horacio Mayorga, dos marinos importantes en el último golpe de Estado. Ellos estuvieron al tanto de lo que iba a pasar y no detuvieron la acción militar contra los civiles. El ministro Olivieri dio parte de enfermo y sólo regresó al despacho dos días más del 16 de junio. Lo mismo hicieron Emilio Eduardo Massera y Horacio Mayorga, sus jóvenes ayudantes.

-¿Otro involucrado fue Carlos Suárez Mason?

-Sí. En ese momento él estaba exiliado en el Uruguay porque había participado en el frustrado golpe de 1951 que encabezó el general Benjamín Menéndez contra Juan Perón y fue el que recibió a los aviadores cuando aterrizaron en Montevideo. Pero hay otros nombres más: el hermano de Massera, Carlos, fue uno de los pilotos que bombardeó la plaza.

-¿El ex intendente porteño de la dictadura Osvaldo Cacciatore integró la escuadrilla que bombardeó?

-Cacciatore es otra de las sorpresas. El piloteó uno de los aviones de la Aeronáutica que se sublevaron contra Perón. La sublevación contó en forma activa con el respaldo de la base naval de Punta Indio que estaba al mando del capitán de marina Néstor Noriega; del BIM 4 (Batallón de Infantería de Marina), asentado en Puerto Nuevo y de parte de la oficialidad de la Aeronáutica y hubo dos aviones Catalina que llegaron de la base Espora. La noche del 15 de junio coparon Ezeiza, con el objetivo de reabastecerse de combustible y explosivos, porque la base de Punta Indio quedaba muy lejos. De allí los pilotos con sus aviones fueron y volvieron varias veces, entre ellos Cacciatore.

-¿Cómo respondió la población?

-La verdadera sorpresa fue el protagonismo de la gente. El pueblo se movilizó de los lugares más próximos del centro de la capital, en camiones o a pie. Los choferes que conducían los viejos colectivos Leyland por la avenida General Paz invitaron a la gente a que descendiera de los vehículos e hicieron barricadas para impedir que las supuestas tropas alzadas invadieran Buenos Aires.

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Gonzalo Chaves exhuma una historia aún desconocida.

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