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 domingo, 07 de marzo de 2004

Piedrazos, una chica herida y un final caótico
Desde la calle arrojaron proyectiles a la tribuna visitante

Los piedrazos que se arrojaron en la tribuna que ocuparon los simpatizantes de El Porvenir y que tuvo como saldo una mujer golpeada, la reacción de algunos de sus jugadores con un camillero del club anfitrión y las escaramuzas entre el plantel y dirigentes de la visita con la policía fueron la mancha negra en la tarde del Fortín de Ludueña.

Todo comenzó apenas el árbitro Jorge Ferro pitó el final. En ese momento desde el exterior del estadio hinchas tirolenses arrojaron piedras en la popular visitante, una de las cuales impactó en la pierna de una chica que recibió atención en el vestuario por parte del médico de los Tigres Ariel González. Afortunadamente la víctima no tuvo lesiones de consideración y se retiró media hora después de los incidentes con un vendaje y acompañada por familiares.

Ante la barbarie, los futbolistas de El Porvenir corrieron junto al alambrado para conocer la suerte de su parcialidad entre los que se encontraban familiares y amigos. Cuando la tribuna quedó vacía y se retiraban del campo de juego, los futbolistas se insultaron con los hinchas de Tiro. Nada del otro mundo. Hasta que el arquero Dubra empujó a un camillero y otros jugadores intentaron también agredirlo. Por fortuna otros mantuvieron la calma y detuvieron a sus compañeros.

El clima era un hervidero y prosiguió en el vestuario. El técnico Alberto Pascutti vociferaba que "en esta cancha no se puede jugar. Los vestuarios son tan chicos que no entra nadie". La calentura del Beto se debía a que unos policías lo quisieron retirar del vestuario porque no lo reconocieron. Otro de los que estaba sacado era el presidente de la visita, Enrique Merela, que hizo echar él mismo a la policía de ese sector. "Ustedes tienen que cuidar a la gente y no lo hicieron", gritaba exaltado mientras les decía a los uniformados que se vayan.

Algunos dirigentes de Tiro intentaron poner cordura para calmar los ánimos y con el correr de los minutos todo se fue apaciguando. Atrás había quedado una jornada con incidentes que cuestan erradicar del fútbol.

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