Año CXXXV
 Nº 49.386
Rosario,
domingo  10 de
febrero de 2002
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Empleo. Sin alternativas a la destruida estructura de sustitución de exportaciones
Recursos humanos: la otra devaluación
La región sufre una pérdida de dinamismo económico que expulsa la mano de obra más calificada

Jorge Kaplan / La Capital

Los largos años de declinación económica que padece la Argentina generan múltiples fenómenos sociales, entre ellos la migración interna, mudarse a otra región en busca de un horizonte mejor en algunos casos, y o simplemente sobrevivir, como le pasa a la mayoría. Pero los comportamientos no son homogéneos, hay regiones que expulsan y otras que atraen, y a la vez diferentes perfiles de quienes llegan o se van. El panorama para el Gran Rosario revela que atrae, mayormente, mano de obra poco calificada, que se ve obligada a abandonar sus provincias de origen por falta de trabajo y de cobertura social. Si esto se suma a la salida de mano de obra calificada, el resultado es un "empobrecimiento" de los recursos humanos de la región.
Comparado con lo que ocurre en los aglomerados del Gran Buenos Aires y el Gran Córdoba, Rosario está a mitad de camino. Un poco mejor que el Conurbano bonaerense y Capital Federal, pero peor que la ciudad mediterránea.
De hecho, el nivel educativo promedio del migrante que va a Córdoba tiene un nivel educativo superior a la media de los nacidos allí. Eso no ocurre ni en Rosario ni en Buenos Aires.
Más allá de los análisis sociológicos que se puedan hacer, este fenómeno es una prueba del dinamismo de las economías de las distintas regiones. La decisión de mudarse puede tener muchas causas, pero siempre se puede analizar como una "decisión de inversión": desde los casos de la llamada "migración desesperada", de personas que buscan sobrevivir y una mínima cobertura social, hasta los profesionales que quieren desarrollarse, pasando por quienes buscan "vivir más tranquilos". Y lo que ofrece cada región está ligado a su economía, a su dinamismo y su capacidad de crecer. Y según lo que se ofrece es que la gente va o no.
Otras evidencias de este fenómeno se pueden rastrear en las cifras del último censo realizado en la Argentina, en el cual Rosario quedó relegada al tercer lugar en cantidad de habitantes. A la vez, la calidad de los recursos humanos promedio de Córdoba mejora absorbiendo mano de obra más calificada, mientras que Rosario pierde terreno y expulsa a los que más saben.

En busca de oportunidades
Dos investigadoras de la Universidad Austral,Ana Inés Navarro y Fernanda Méndez, realizaron un estudio sobre los movimientos migratorios de la fuerza laboral urbana argentina en la década del 90, y sus efectos en el mercado de trabajo y el desarrollo de cada región.
Ante el hecho de que un migrante y un nativo no se posicionan igual en el mercado laboral, ya que tienen una distinta cantidad y calidad de información sobre el medio, el estudio se propuso evaluar las posibilidades de conseguir trabajo de dos personas, una que llega y otra local, con las mismas características y sólo diferenciadas en su origen.
Para esto se recurrió a un complejo análisis estadístico con datos de distintas categorías que permiten trabajar con variables binarias como ocupado-desocupado, y nativo-migrante, que a su vez estiman la probabilidad conjunta de estar empleado y ser migrante. Además se tuvieron en cuenta las distintas características de los aglomerados de Gran Buenos Aires, Gran Rosario y Gran Córdoba, utilizando el modelo más apropiado para cada uno.
Los resultados son reveladores: en Buenos Aires, el migrante reciente, es decir aquel que llegó hace menos de cinco años, tiene un 37% menos de posibilidades de conseguir empleo que quien nació allí. Para Rosario, también le cuesta más conseguir empleo al que llega, aunque le resulta un poco más fácil que en Buenos Aires. Los que se mudan a la ciudad tienen un 19% menos de posibilidades de conseguir trabajo que los rosarinos de nacimiento.
En cambio, el Córdoba ocurre todo lo contrario, y quienes llegan a la ciudad mediterránea tienen más posibilidades que los propios cordobeses. Los migrantes tienen un 20% más de posibilidades de conseguir trabajo, fundamentalmente por su nivel de capacitación y porque muchos de los que llegan ya tienen trabajo asegurado.
Estos porcentajes son el emergente de las diferentes características de los flujos migratorios hacia los distintos aglomerados, y marca las tendencias en materia de tipo de actividad y económica.

Quiénes, cuántos y por qué
La población urbana de la Argentina a mayo de 1998 se compone de un 69% de nativos, un 24,5% de migrantes internos y un 6,5% restante de extranjeros. Claro que no se aclara cuándo llegaron y lo que evidencia es que las personas una vez que llegan a las grandes urbes se quedan allí para siempre, aunque no les vaya tan bien.
El estudio, hecho a partir de datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), revela que el 0,5 por ciento de la población total cambió de lugar de residencia, lo que a datos de 1998 representa unas 180 mil personas.
La decisión de migrar está ligada a la tasa de desempleo, el valor del salario por hora, la disponibilidad de servicios y salud, el tamaño de los aglomerados y las posibilidades de trabajo.
Los que deciden moverse son quienes tienen la responsabilidad de mantener el hogar, los jefes de familia son mayoría, en general son personas adultas, y en edad laboral.
El planteamiento teórico es considerar a la migración como una decisión de inversión en la cual se analiza la relación costo-beneficio. En estos casos, muchos van a otra ciudad en donde tiene familiares o contactos, y en muchos casos ya llegan con trabajo. Pero además está el migrante desesperado, aquel que va a los grandes aglomerados a pedir limosna, a cirujear, y sabiendo que si se va a una villa miseria por lo menos tendrá servicios de salud y educación.
¿Cómo afectan estos movimientos al mercado laboral de los distintos aglomerados? La respuesta depende de las características de estas personas y cómo es su inserción, lo cual depende del grado de dinamismo económico de cada región.

Origen y destino
Analizando cuáles son los destinos y su evolución en el tiempo, se observa que la mayor cantidad de migrantes va al Gran Buenos Aires (29% del total), pero esta cifra corresponde al año 1998, inferior al 43% que congregaba en 1994. Evidentemente, cada vez menos gente considera conveniente mudarse al conurbano y la Capital Federal.
En cambio, los aglomerados Rosario y Córdoba convocan a más personas. Rosario pasó del 5% de los migrantes en 1994 al 9% en 1998, pero el crecimiento más importante lo tuvo la capital mediterránea que pasó del 8% en 1994 al 12% en 1998.
Si se analiza la procedencia de estas personas, el 18% de quienes llegan al Gran Buenos Aires vienen de la misma provincia, para el Gran Rosario el 32,4% viene del interior santafesino, pero para el Gran Córdoba el 52% vienen de la propia provincia.
Entre los que que llegan a Rosario, los orígenes principales son Santiago, Chaco, Corrientes y Entre Ríos, algo similar ocurre con el Gran Buenos Aires, mientras que en Córdoba, la mayoría provienen de la propia provincia, Santa Fe y Buenos Aires.
La mayoría de los que se desplazan lo hacen para buscar trabajo, incluso muchos jefes de familia se mudan solos para poder soportar mejor la transición y la búsqueda de empleo.

El nivel de instrucción
En cuanto al nivel de instrucción, se observa que quienes llegan a Rosario y Buenos Aires tienen una educación que en promedio es la mitad que la de los nativos. Lo contrario ocurre con Córdoba, en donde los que llegan tienen una formación que supera a los locales.
Se puede conjeturar que la mayoría de los que llegan a Córdoba, por nivel de educación y por ser de la propia provincia, llegan a la capital con un trabajo asegurado. Lo contrario ocurre en Rosario y Buenos Aires, en donde abunda la migración "desesperada". El resultado es que la migración eleva la calidad general del recurso humano de Córdoba, mientras que disminuye en el resto de los aglomerados.
Este último punto se refleja en la forma de insertarse en el mercado laboral de quienes llegan. Para Córdoba, la distribución por rama de actividad de los inmigrantes es bastante similar a la de los nativos, con una leve preeminencia del sector de la construcción y el servicio doméstico. Para Rosario y Gran Buenos Aires, estas dos actividades ocupan mucho más a los que llegaron que a los locales, y los porcentajes revelan que los inmigrantes no sustituyen la mano de obra local sino que la complementan.
Las personas siempre buscan las oportunidades y por más que el pago tira, nadie se suicida. Todas estas consideraciones marcan que pese a la gravedad de la crisis se impone definir un perfil productivo integrador, para que la salida de la región no sea la ruta 9.



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