 |  | Editorial Un llamado de atención
 | L as elecciones de anteayer tuvieron varios ganadores, pero el más notorio -sin dudas- fue el escepticismo político. Los porcentajes que alcanzaron en toda la Nación, pero fundamentalmente en la provincia de Santa Fe, los sufragios en blanco, nulos o impugnados resultaron previsiblemente elevados, dando cuenta del lapidario concepto negativo que mucha gente se ha formado acerca de las dirigencias. Y por supuesto que, más allá del fuerte peso que tuvo el bien llamado "voto bronca", el gran triunfador en estos comicios ha sido el justicialismo, en sus distintas expresiones, con sus variados matices. En la provincia de Buenos Aires, la aplastante victoria de Eduardo Duhalde sobre Raúl Alfonsín reposiciona al ex candidato presidencial en la carrera hacia el 2003, convirtiéndolo en el líder por excelencia en ese ámbito clave junto al actual gobernador Carlos Ruckauf. En Santa Fe, el éxito del PJ también tuvo ribetes de contundencia, y sólo el alto número que alcanzaron los sufragios negativos llegó a opacarlo parcialmente. Pero para el gobernador Carlos Reutemann, la señal resultó más que positiva con vistas al futuro. Mientras, en Rosario los guarismos confirmaron y hasta reforzaron la tendencia nacional: después de doce años los justicialistas se impusieron en la ciudad. Pero el dato saliente fue el revés que experimentaron los hombres vinculados con Hermes Binner, quien ahora deberá continuar su gestión en un marco de apoyos notoriamente recortados dentro del Concejo. El mapa político, en síntesis, ha experimentado cambios que indudablemente repercutirán de manera profunda en los dos años que restan hasta las próximas elecciones. En ese lapso crucial para el destino de los argentinos el gobierno encabezado por Fernando de la Rúa tendrá la dura tarea de poner límites a una crisis económica cuya duración la ha tornado tan insoportable como inédita. En tal sentido, la gestión del ministro Cavallo ha quedado más que nunca bajo la lupa. Sus tiempos para obtener resultados parecen acortarse a pasos agigantados. Pero el mensaje de los comicios tiene dos destinatarios principales: el primero de ellos es el oficialismo, al que la gente le ha dicho con claridad que el actual estado de las cosas no puede prolongarse por mucho más tiempo. Y el segundo es la clase política en su conjunto, que ha recibido un severo llamado de atención. Pocas palabras, austeridad y eficacia es la receta que el pueblo reclama. De una vez por todas, habría que escucharlo.
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