Un total de 140 medicamentos aumentaron hasta más de un 200 por ciento en el último año, y muchos de ellos lo hicieron en lo que va de 2001, período en el que el incremento de los precios dejó boquiabiertos a pacientes y vendedores. Así lo denunció ayer la presidenta del Colegio de Farmacéuticos, Graciela Pensa, quien definió la situación como "terrorífica", y reveló que "esto no ocurre en ninguna parte del mundo".
La situación es tal que el Pami no reconoce dentro de su cobertura a algunos medicamentos debido a que no responden a los precios pactados por convenio con la industria farmacéutica. Tal sería el caso del conocido Benadryl antialérgico (comprimidos x 25 miligramos) que aumentó un 40 por ciento; o del Decidex, que en su versión gotas por 30 miligramos se encareció un 60 por ciento.
A raíz de esto, el Colegio de Farmacéuticos sugirió a los matriculados que "estén alerta" porque los medicamentos que se caigan del convenio no serán reconocidos. Sólo por dar algunos ejemplos, el tranquilizante Plidan, el antiinflamatorio Tolestan y los antihistamínicos Decidex y Decidex compuesto (al menos en algunas de sus presentaciones) quedaron fuera del convenio en mayo de este año, luego de que experimentaran aumentos de precio de hasta un 60 por ciento.
Con respecto al amplio listado de medicamentos encarecidos en el último año, las farmacias consultadas por La Capital explicaron que en el caso del Pami no se les reconoce el aumento, que es costeado por el negocio, el paciente o ambos.
Pensa indicó ayer que los remedios vienen siguiendo un ritmo sostenido de encarecimiento desde la desregulación de los precios, en 1991, pero subrayó que en el último año se registró una verdadera estampida. "Lo que se cobra en este país se asemeja a lo que se paga en naciones del Primer Mundo, como Alemania y Japón", se quejó la directiva de la entidad, para recordar que en países limítrofes los mismos productos valen un 50 por ciento menos.
"En esta Argentina la industria farmacéutica propone el precio que quiere sin rendir cuentas a nadie", protestó la farmacéutica, quien calificó esa situación como "una verdadera paradoja. Una mercadería que se utiliza para preservar y curar la salud no puede aumentar indiscriminadamente", reflexionó, convencida de que este estado de cosas es "terrorífico".
Mal para todos los males
La lista de remedios que incrementaron su precio en el último año es amplísima, y desde el Colegio de Farmacéuticos se calcula en unos 140.
Algunos casos resultan paradigmáticos, como el Tetabulín (gamaglobulina antitetánica), que importa no sólo por la magnitud del aumento, sino por lo grave que resulta que no sea accesible: en una de sus presentaciones se disparó de 10,50 a 17,05 pesos, casi un 70 por ciento, en diciembre de 2000.
Pero el de las antitetánicas está lejos de ser el más alevoso. Otros, menos conocidos como el antigotoso Max-Uric, en su versión comprimidos por 30 miligramos, incrementó su precio en julio del año pasado en 48,75 pesos: de 21,05 que costaba se fue a 69,80, esto es, un 231 por ciento.
Es cierto que tanto el Max-Uric como el Sereprostat comprimidosx60 (un alcaloide para inflamaciones de próstata que aumentó un 63 por ciento) no son de los más recetados por los profesionales, tal cual lo reconoce el titular de la Cátedra de Farmacología de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNR, Jaime Grin. Pero otros, como la Novalgina, son de amplia salida. En el caso de ese analgésico y antipirético (antifebril) llegó este año al mercado con un incremento del 22 por ciento que la dejó en 14,35 pesos en su versión jarabe por 200 mililitros.
Esperan más "medicamentazos"
Los farmacéuticos consultados por La Capital advirtieron ayer que la falta de algunos medicamentos suele ser la antesala de un aumento significativo. Tal es el caso de las antitetánicas, en las que ya hubo un faltante previo al incremento de precio que se registró el año pasado, y que, curiosamente, ahora ya comienzan a faltar nuevamente en algunas de sus versiones. "En realidad siempre sucede más o menos lo mismo, comienzan a escasear y luego aparecen pero con sobreprecios importantes", señaló un profesional.
En tanto, Pensa consideró que esta situación "no puede continuar más. Los medicamentos se convirtieron en una mercancía", señaló, en la idea de que la forma de establecer un freno a la estampida pasa por "fijar los precios de un grupo de remedios fundamentales, de manera que sean accesibles para la gente con menores recursos".
Para la farmacéutica, es en este punto donde radica una verdadera paradoja: "La gente menos pudiente suele ser más vulnerable a las enfermedades y la realidad indica que los medicamentos son cada vez menos accesibles para ellos", reflexionó.
Por último, estimó que la situación es "muy preocupante", y remarcó que "no es lo mismo prescindir de ropa o de una golosina que de un medicamento".