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 miércoles, 26 de septiembre de 2007  
Reflexiones
¿Por qué se calienta el Artico?

Miryam Colacrai (*)

Sugestivamente, la pregunta por qué se calienta el Artico nos remite, al menos, a dos cuestiones: una de índole medioambiental y la otra perteneciente al campo de la política internacional y las cuestiones geoestratégicas.

Estamos asistiendo, según se ha sostenido en diversos informes científicos sobre el "calentamiento global", a un proceso de rápido derretimiento de las masas de hielo en el Artico y la Antártida, aunque en el primer caso se estima que será de mayor envergadura. El recalentamiento de la Tierra multiplicará por cinco el hielo que desaparece cada año en el Polo Norte. Ahora hay 10 millones de kilómetros cuadrados de hielo perenne, pero a finales de este siglo esta cifra puede llegar a reducirse a tan sólo dos.

Sin embargo, el tema central que inspira esta nota, aunque muy estrechamente vinculado con el deshielo del Artico, tiene que ver con la carrera que se ha iniciado en los primeros días de agosto por la conquista del Polo Norte, cuando dos pequeños submarinos rusos plantaron una cápsula de titanio con su bandera y un mensaje conmemorativo de la expedición en el lecho del Océano Ártico, a 4200 metros bajo el nivel del mar, acción que marca definitivamente la intención de reclamar la propiedad de los territorios colindantes.

El progresivo deshielo del Polo Norte podría incidir en la apertura de nuevas rutas marítimas que hoy son mar congelado y barreras de hielo infranqueables. Esto también otorgaría accesibilidad a los diversos recursos minerales y energéticos que guarda su fondo marino.

El primer paso lo ha dado Rusia, cuyos exploradores árticos tienen la misión –entre otras de un variado arco de disciplinas científicas– de demostrar que la cordillera submarina Lomonosov, una cadena de montañas que se eleva 3.700 metros sobre el fondo oceánico y llega más allá del Polo Norte, es la continuación de la plataforma continental de Siberia y del continente euroasiático.

Estas exploraciones, aparición de reclamos de soberanía y búsqueda de nuevos espacios proveedores de recursos energéticos, se dan en momentos donde confluyen varios acontecimientos.

Por un lado, desde marzo de 2007 hasta diciembre de 2008 se lleva a cabo en los dos Polos (Artico y Antártida) el Año Polar Internacional (API) en el que participan 31 países y más de16 instituciones científicas y ha sido patrocinado conjuntamente por el Consejo Internacional para la Ciencia (CIC) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

En segundo lugar, y en cumplimiento de la Comisión de Límites de la Plataforma Continental regida por la Convención de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar (Convemar), los países que son miembros de la misma están apurando sus estudios y prospecciones para poder presentar ante el organismo el detalle de su límite marítimo porque aquello que no sea patrimonio de un país pasaría a conformar las denominadas "aguas internacionales" (de allí que veamos reaparecer disputas por espacios marítimos en distintos lugares del globo, por ejemplo en nuestra región Chile-Perú).

En tercer lugar, y de absoluta relevancia, debe tenerse en cuenta la compleja situación geoestratégica que plantean los estados que desarrollan sus relaciones internacionales guiados por la "petropolítica", ya sea por la necesidad de obtener reservas energéticas a futuro, reducir su vulnerabilidad respecto de dichos recursos y, en lo posible, mostrar "atributos" que lo posicionen mejor a nivel internacional. Sin duda, parte de la jugada rusa se inserta en esta conjetura ya que, la expedición realizada en el Ártico mostró que el nivel de la tecnología con que cuenta –por ejemplo la comunicación establecida entre la pequeña nave submarina a más de 4000 metros de profundidad y uno de sus satélites espaciales a 350 kms. de altura– hacen de Rusia un gigante que no está dormido y que, se mueve permanentemente exacerbando la conformación de un "nuevo equilibrio multipolar".

Canadá es otro estado con costas sobre el Artico que se suma a la partida y manifiesta también su intención de demarcar soberanía, preocupado por lo que pueda suceder en las regiones árticas como consecuencia de los efectos del cambio climático lo cual facilitará la navegación en estas aguas. Para Canadá la apertura del llamado "paso del noroeste", entre el Atlántico y el Pacífico es una interesante oportunidad, pero también una posible causa de conflictos ya que, mientras ellos sostienen que dicho paso es una extensión de su territorio, otras naciones lo consideran aguas internacionales. Como parte de su planteo estratégico su primer ministro, Stephen Harper, anunció que construirán un puerto de reabastecimiento para su Armada en el extremo norte de la isla de Baffin y también se instalará un centro de entrenamiento de las fuerzas canadienses en el Ártico, a lo que se suma la expansión de los Rangers, un cuerpo paramilitar formado por los "inuit" (antiguamente llamados esquimales) que habitan las regiones septentrionales del país.

¿Qué podríamos decir con relación a Dinamarca para entender el por qué de su carrera en el Ártico? Dinamarca mantiene una disputa con Canadá por la isla Hans, un pequeño islote situado entre la isla de Ellesmere y Groenlandia, región autonómica integrada en la Corona danesa, que dada su ubicación geográfica es territorio típicamente ártico y con aguas sobre dicho Océano. En función de ello, los daneses también están inmersos en esta marcha de reivindicaciones territoriales y el gobierno ha anunciado la salida de una expedición "científica" al Norte de Groenlandia.

Su objetivo parece ser una réplica del que llevara adelante la expedición rusa: demostrar que la cordillera submarina Lomonosov, que se extiende de Siberia a Groenlandia es una prolongación del territorio propio; en este caso, danés. Así, todo lo que pueda demostrarse científicamente, contribuirá a fortalecer "títulos territoriales" basados, por ejemplo, en continuidad territorial y geológica.

Afirmaciones como "el Artico es y será nuestro" en boca de científicos y funcionarios rusos de primer nivel, o el argumento de las autoridades canadienses aduciendo que "el primer principio de la soberanía del Ártico es usarlo o perderlo", confrontadas con lo que sostiene el Departamento de Estado de Estados Unidos –aunque EEUU no ha ratificado la Convemar– en el sentido de que "las evidencias científicas sugieren que la zona en disputa es oceánica por naturaleza y, por lo tanto, "no es parte de la plataforma continental de ningún país", nos dan argumentos más que suficientes para sostener que "el Artico se está calentando" por cuestiones geoestratégicas y de disputas por los recursos, más allá de los problema ambientales ligados al calentamiento global.

Tal vez estemos a las puertas de un "revival" de la situación experimentada por el Artico durante la Guerra Fría y que hizo de ella una de las zonas "más calientes" de la confrontación bipolar.



(*) Investigadora del Conicet y del Cerir. Profesora titular de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales (UNR)
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