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 sábado, 21 de octubre de 2006  
¿Autódromo o polideportivo para los vecinos?

Héctor Cavallero (*)

Hace más de sesenta años que el arquitecto Angel Guido, en ocasión de diseñar el primer Plan Director para la ciudad, imaginó lo que hoy significa el Parque de los Constituyentes. Desgraciadamente sólo quedan trescientas de las casi ochocientas hectáreas que significaba en su momento la concreción de este espacio verde. Fue en ese marco que a principios de los noventa decidimos durante mi gestión como intendente llevar a cabo esa importante idea. Durante los primeros cinco años de vida, que abarcaron igual tiempo de mi Intendencia, se plantaron allí alrededor de 90 mil árboles.

Para tener idea de lo que significa esa cantidad, baste mencionar que como resultado de un censo que realizó la Municipalidad hace dos años, se contabilizaron algo más de 180 mil árboles plantados en la totalidad de las calles y rotondas de la ciudad. Es decir, en solo cinco años, se incrementó en un 50 el arbolado público.

Hoy, luego de diez años, en ese importante espacio verde de la ciudad la cifra apenas pasa los cien mil ejemplares. Dicho de otra manera, el número de árboles del parque, en la última década, creció a un ritmo promedio de apenas mil ejemplares por año. Si el número no decreció es porque a pesar del abandono de tan importante espacio sigue existiendo gente empeñada en que este pulmón verde sobreviva a pesar de que otros ven en él un importante negocio inmobiliario o una huella que quisieran borrar de la ciudad.

Es así que ese lugar sufre anualmente la desgracia de soportar incendios intencionales que suelen arrasar parte de los pastizales en forma frecuente. Basta mencionar que en los últimos cinco años ha soportado alrededor de cien incendios por año, algo así como uno cada tres días. El personal municipal debe lidiar en forma permanente con este flagelo sin disponer de los medios necesarios, por lo que inevitablemente se debe recargar la labor de los bomberos zapadores que tendrían que dedicar ese esfuerzo a cuidar el resto de la ciudad.

Pero este hecho descripto no debería ocurrir si, como corresponde, las autoridades municipales cumplieran con lo que establecen las leyes. Desde hace nueve años se estableció por decreto la obligatoriedad de proveer al lugar de equipamiento contra incendios y la debida capacitación a su personal municipal. Sin embargo, las autoridades miran hacia otro lado.

Pero ese no es el único problema que debe enfrentar el parque que por otra parte significa alrededor de un tercio de la totalidad de espacios verdes públicos con que cuenta la ciudad. En medio del predio destinado al bosque se halla enclavado el actual autódromo. En su momento, se lo derivó a ese lugar con la secreta esperanza de dar un fin a tierras que se pensaban inútiles, y se habilitó para el negocio otras que tenían mayor valor, ya que el lugar original para ese proyecto estaba entre calles Juan B. Justo, Baigorria, el Aeropuerto y el límite oeste del Rosario Golf Club, actualmente ocupado por parte de los barrios Aldea y San Eduardo.

Hoy en día, la ciudad ya no tiene muchas posibilidades de seguir avanzando sobre el territorio, puesto que se halla urbanizada la mayor parte de su espacio geográfico. Es así que en estos momentos no existe otro espacio apto para urbanizar de importancia que se iguale al sector noroeste de la ciudad, precisamente todo el entorno de donde actualmente se halla ubicado dicho autódromo.

Lo más preocupante es que en un juego inentendible el municipio firma por un lado acuerdos con empresas inmobiliarias con las que se compromete a implementar la normativa necesaria como para que hagan un negocio brillante, y por otro les quiere hacer creer a los amantes de las carreras de autos y picadas que van a tener un autódromo modelo.

Sin embargo, nada es superior a la realidad, todo emprendimiento para que sea sostenible debe generar los recursos necesarios y bajo ningún aspecto poner en peligro la salud de los demás. Lo cierto es que el mismo intendente ha reconocido ante medios periodísticos que ni el autódromo es rentable, ni piensa seriamente en dejarlo por mucho tiempo en ese lugar. Si decidiera lo contrario, el municipio o el concesionario deberían invertir alrededor de seis millones de pesos sólo para implementar las obras de insonorización que se tienen que hacer para evitar mayores molestias a los vecinos, y que son obligatorias por la normativa vigente. Pero la pregunta que surge de inmediato hace el tema más importante. ¿Serán los privados quienes inviertan acaso si el llamado a licitación que se efectuó este año fue declarado dos veces desierto? ¿O será el propio Estado municipal el que haga semejante gasto, equivalente al monto necesario para terminar el nuevo Heca o lo que falta para concluir la Maternidad Martin?

La otra pregunta que surge en forma simultánea se relaciona con el destino final que tendrán esas instalaciones, ya que no se sabe qué hacer con este autódromo. La zona noroeste de la ciudad posee una paradoja muy particular: mientras concentra barrios con alto poder adquisitivo de sus habitantes, estos se hallan rodeados por barrios de personas humildes que no poseen lugares donde poder acceder al esparcimiento y el descanso.

En las inmediaciones del autódromo se hallan algunos de los barrios más caros de la ciudad, pero paralelamente, el barrio 7 de Septiembre, posee más de veinte mil almas, y ni un solo lugar en donde practicar deportes en forma gratuita. Mientras en diferentes sectores de la ciudad desde mi gestión se implementaron polideportivos que permitieran la práctica de deportes, hoy en ese distrito no se cuenta con un espacio adecuado para ese fin.

En el último año más de media docena de pedidos de vecinales y asociaciones de la zona han reclamado un polideportivo para el lugar, nuestros concejales en el año 2000 presentaron un proyecto para establecer un polideportivo en el espacio que ocupa el autódromo. Sin embargo, desde las autoridades sólo se recibe silencio y anuncios de obras que significan acentuar aún más las diferencias sociales, con complejos deportivos privados de alto costo y obras para aumentar la disgregación. Se autorizan campos deportivos para tenis con altos costos, carreras de autos, countries para que practiquen deportistas de altos ingresos, pero canchas de fútbol, piletas y espacios para reunir a las familias de los trabajadores, pareciera que son imposible realizar en esa zona.

Si se reubicara el autódromo con visión metropolitana se buscaría un espacio que garantizara no molestar a los vecinos de los poblados aledaños, generaría un mejor ordenamiento de la región y permitiría actuar con nuevo sentido entre los municipios y comunas de los alrededores. A los que solo ven los beneficios a corto plazo, deben entender que aún fuera de la ciudad los concurrentes igualmente utilizarían la hotelería, los restaurantes y los lugares de esparcimiento de Rosario, por lo que el argumento de que ese predio debe estar dentro de la ciudad es insostenible desde ese punto de vista.

Es así que con un poco de inversión se retribuiría a los sectores más desposeídos de esa zona de la ciudad, algo de los dineros que se les cobra en servicios que no siempre vuelven a ellos.

(*) Ex intendente de Rosario
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