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 sábado, 21 de octubre de 2006  
La destacada de la semana
¿Quién se acuerda del Irar?

Algunas personas tal vez no conozcan qué es el Irar. Es el Instituto de Recuperación de Adolescentes de Rosario, una institución del Estado para chicos que recién inician el camino del delito pero que todavía están en condiciones de ser recuperados, reinsertados, antes de que se estabilicen en una vida de delincuencia. En este momento está en la peor de las crisis: el personal a cargo fue reducido sensiblemente y el número de adolescentes detenidos se duplicó. El poco personal que queda está mal pago, no se les da ningún tipo de aliciente ni motivación para su delicado trabajo humanizador y rehumanizador, y viven en medidas de fuerza continuas. Hasta aquí sería un problema político o de protesta gremial. Pero en este caso, se suman situaciones de hacinamiento, descontrol, falta de higiene... ¿Qué puede salir de allí? ¿Qué podemos esperar de rehabilitación para esos jóvenes? ¿Qué ayuda les damos antes de plantearles maduras y sociales exigencias? ¿Quién se preocupa de esto? Los reclamos van de oficina en oficina, de funcionario en funcionario, pero la realidad es que a nadie pareciera importarle nada. Si bien en estos días se ha procedido al desalojo de los adolescentes del lugar donde se encontraban, gracias a la interposición de un hábeas corpus, como Pastoral Penitenciaria de la Iglesia Católica, que ya hace tiempo visitamos ese centro de detención, nos sumamos a tantas otras voces que reclaman ante esta insostenible situación de abandono de personas menores, urgiendo a quien le competa a que se tomen en serio cartas en el asunto para resolver de un modo estable y definitivo esta situación. Creemos que un tratamiento adecuado, con dedicación, respeto y amor, es el único modo de lograr una auténtica recuperación para estos adolescentes. Si decimos que los niños y adolescentes son el futuro de la nación, exigimos que no sean vana y ruidosa retórica preelectoral, sino una concreción práctica y real. Quienes tenemos fe cristiana no podemos olvidar las palabras de Jesús: "Dejen que los niños vengan a mí... El que recibe a uno de estos pequeños en mi nombre me recibe a mí... Estuve preso y me asistieron... Cada vez que lo hicieron a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicieron".

Presbítero Fernando Lardizábal (delegado episcopal para la Pastoral Penitenciaria, Arquidiócesis de Rosario)
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