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 domingo, 01 de febrero de 2004

Curación y creación

Emparentando el tejido en telar con experiencias relacionadas con otras expresiones artísticas, la psiquiatra Nise da Silveira, desde su Museo de Imágenes del Inconsciente, señala: "Fue sorprendente verificar que el acto de pintar en sí mismo podría adquirir cualidades terapéuticas".

Más allá de las respuestas más o menos científicas, el psiquiatra gestáltico Salomón Touson, cuenta que muchas personas han adoptado espontáneamente el camino de la expresión creadora para ayudar a reparar su salud. Es frecuente escuchar frases como "voy al taller y es como que entro en otro mundo. No se cómo, pero sé que me hace bien".

Touson precisa que "los dibujos como los sueños son percibidos como expresión genuina de aspectos esenciales de uno mismo".

Lo mismo refiere Jorge Luis Borges en la frase: "Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, reinos, montañas, bahías, naves, islas, peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara".

Touson también agrega que un elemento importante es la cuota de placer que proporciona la actividad creativa ya que para muchos, el mero hecho de poder plasmar una figura puede ser motivo de alegría, mientras que para otros la posibilidad de expresarse libremente.

Coincidentemente, los términos hebreos barí (estar sano) y boré (ser creativo) tienen la misma raíz. En español las palabras crear y curar guardan cierta relación.

Existen relatos que hablan de la relación entre curación y creación. Tal es la biografía de Francisco Goya referida por L. Feuchtwanger, quien cuenta que el artista, que sufría de horribles delirios, fue a pasar una temporada a una casa de campo. Alrededor tenía el desierto y en el alma también y luego apareció en pleno día su sueño desesperante, acurrucado, volando, arrastrándose, como un espectro, con cabeza de gato. Con tremendo esfuerzo reaccionó, tomó el lápiz y echó los malos espíritus en el papel y cuando los vio en el papel se calmó. Y ese día y en los sucesivos echó los demonios en el papel, arrancándoselos una y otra vez. Y así se liberó de ellos...

Parafraseando a Vincent Van Gogh "toda pintura exige la más intensa concentración y en consecuencia, es uno de los ejercicios más relajantes y terapéuticos que conozco. De hecho, en mi caso, siento que me transporta a otra dimensión, que literalmente vivifica partes del alma donde no pueden llegar otras actividades".

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