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 domingo, 26 de octubre de 2003

Los buzos de la Prefectura cuentan cómo es sumergirse en el río Paraná
"Buscar el cuerpo de una persona ahogada es lo más desagradable que hacemos"
Trabajan "a ciegas" y en situaciones riesgosas, pero no cambiarían su profesión "por nada del mundo"

Gabriela Zinna / La Capital

Es una tarea arriesgada. Sin dudas, cada vez que salen se juegan la vida y muchas veces trabajan a ciegas, pero no cambiarían su profesión "por nada del mundo". A pesar de todos los contratiempos y de que muchas veces son blanco de críticas, ellos siguen eligiendo ser buzos salvamentistas de la Prefectura Naval. No obstante, y con toda la experiencia sobre sus espaldas, aseguraron que "buscar el cuerpo de una persona ahogada es la tarea más desagradable" que les toca realizar.

Néstor Acevedo es un correntino de 33 años que alcanzó el rango de oficial principal y fue designado como jefe de la Estación de Salvamento, Incendio y Protección Ambiental de la Estación Rosario de la Prefectura Naval Argentina. Hace 13 años que se calzó el traje de neoprene y desde entonces trabaja bajo las aguas junto a otros colegas; como Roberto Céparo, un subprefecto de 34 años que hace 16 que es buzo salvamentista de esa fuerza de seguridad.

Los especialistas calificaron al Paraná como "un río muy difícil" y al que "hay que respetar mucho". Uno de los problemas que deben enfrentar en cada inmersión es la velocidad de la corriente de las aguas, que oscila entre los 3 y los 5 nudos, (unos 7 u 8 kilómetros por hora).

"Los jesuitas decían que el Paraná era un río que parece mar", recordó Céparo. Es a raíz de esto que las inmersiones se realizan en profundidades que oscilan entre los 2 y los 15 metros y fuera del canal principal, ya que en ese sector la velocidad de las aguas los arrastraría con fuerza.

El viento es otra de las dificultades que tienen que sortear a la hora de bucear. Este factor les juega en contra y crea lo que se conoce como "mar de fondo". Esas corrientes acuáticas "desubican" a los buzos y dificultan las tareas de búsqueda.

Como si todo esto no alcanzara, bucear en el río es como trabajar a ciegas. Siempre se trabaja con luz diurna, pero allí abajo la visibilidad es nula. "No se ve nada", dijeron los buzos antes de apuntar que la búsqueda que se hace es al tacto.

Metro a metro, los profesionales van buscando con sus manos y van identificando con sus dedos cada cosa que tocan, ya sea el metal de un ancla, la madera de un muelle o el cuerpo de una persona ahogada.

El tipo de fondo del río y la velocidad del agua hacen que se levante el sedimento y eso provoca que la visibilidad sea nula. "Es como buscar en una habitación a oscuras. Se trabaja a tientas", indicaron.

Los profesionales generalmente se sumergen a mano limpia y en casos excepcionales, cuando trabajan en lugares donde puede haber superficies cortantes, se ponen guantes. Pero la mayoría de las veces prefieren no utilizarlos porque aseguran que les resta sensibilidad.

Son pocas las ocasiones en que no hallan a las víctimas que buscan, pero a veces, los cuerpos no aparecen. "Vas tocando todo lo que hay en tu paso hasta que encontrás a la víctima", dijeron antes de aclarar que "no es lo mismo tocar el cuerpo de una persona que se ahogó hace dos días que hallar a alguien que desapareció hace dos semanas".

¿Y qué le pasa al buzo en ese momento? "Ahí te da un cierto pánico. Aunque no sea familiar nuestro, estamos encontrando a una persona y eso te afecta en los sentimientos", confesó Céparo.

Claro que aseguraron que con los años se fueron curtiendo, pero remarcaron que "nunca" terminarán de acostumbrarse. "Los comentarios de los familiares muchas veces nos duelen. Nosotros entendemos que están desesperados", dijeron, pero apuntaron que también dejan mucho de ellos en cada inmersión para encontrar el cuerpo de una víctima desaparecida bajo las aguas.

Céparo eligió ser buzo de la Prefectura a poco de entrar en la academia de esa fuerza de seguridad. "Nunca te cuentan que como buzo tenés que rescatar el cuerpo de un ahogado", dijo, mientras que Acevedo agregó que "aunque lo contaran, nunca pueden llegar a transmitir las sensaciones que uno experimenta cuando le toca vivirlo".

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El viento y la corriente, obstáculos de los buzos.

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