Año CXXXIV
 Nº 49.205
Rosario,
sábado  11 de
agosto de 2001
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cartas
Mi experiencia con Aluba

En réplica a la carta de la señora Mirta Paván publicada el 9 de julio del corriente año quiero responder a sus críticas desde mi experiencia. Heladeras con candado y espejos cubiertos no constituyen el eje principal y según ella sumamente traumático del tratamiento de Aluba. Yo tengo una nieta anoréxica que después de dos años de estar asistida por un psiquiatra y un nutricionista (ambos distinguidos profesionales de nuestro medio), no pudieron sacarla del problema, el cual se acentuó cada vez más. Su aspecto era similar al de los niños que aparecen en las documentales de la Segunda Guerra Mundial, salidos de un campo de concentración. Mi nieta se moría. Agotados los recursos con los tratamientos en forma particular, sus padres con gran desesperación decidieron llevarla a Aluba. El tratamiento en esa institución (que es sin fines de lucro), fue duro en el sentido que debía: comer, movilizarse sólo lo mínimo necesario, respetar permisos de salida y permanecer en Aluba de 8 a 17. Durante esas horas tenía charlas con terapeutas (excelentes profesionales dedicadas con amor a esa labor), trabajos manuales, lecturas y otras actividades. El apoyo familiar con su asistencia a las reuniones semanales donde se interiorizan respecto al tratamiento y el comportamiento de los pacientes es muy importante para ellos, de esta manera se los ayuda para su rehabilitación. Esto no es más de lo que le puede pasar a cualquier persona internada. En definitiva después de ocho meses de tratamiento mi nieta ha llegado a su peso y quedó atrás la muchachita introvertida, triste y deprimida, se ha convertido en una persona alegre, participativa, que expresa sus ideas y sus sentimientos, sale de paseo con sus amigas y ya regresó al colegio. Mi nieta no está curada pero creo que con lo dicho está en camino de conseguirlo. Agradezco profundamente a Aluba que salvó a mi nieta y a todo el personal de la misma que merecen todo mi respeto y el de toda mi familia.
Marta Gatti de Gasparri


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