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domingo,
15 de
abril de
2007 |
Córdoba ganó un partido chivo y crece
Elbio Evangeliste / Ovación
Si Bezombe hubiese podido jugar, por ahí la diferencia hubiera sido más holgada. Si San Telmo hubiese entrado decidido a jugar, por ahí el partido hubiera sido más atractivo. Si el árbitro Marcelo Azpiolea hubiese tenido una tarde al menos regular (varios jugadores visitantes merecieron un poco más de rigor con las tarjetas), por ahí el clima no hubiera sido tan espeso. Contextualizaciones al margen, Central Córdoba logró su quinta victoria consecutiva -ya está prácticamente adentro del Reducido-, pero el dato resonante es que lo hizo prescindiendo de su jugador estrella y manteniendo un orden como hacía tiempo no mostraba. Un triunfo (1 a 0) gestado y parido con la paciencia y, sobre todo, el aplomo como aliados.
Ni bien la pelota se pudo en movimiento, Castiglione se pegó (tal cual) a Bezombe y sólo atinó a alejarse unos metros (los reglamentarios) cuando el capitán charrúa iba a ejecutar un tiro libre. Por eso le fue tan complicado a Córdoba hacerse de la pelota. Es que esa marca pegajosa (Bezombe habló de falta de hombría, de insultos, escupitajos y toqueteos) no cesaba ni cuando el balón estaba a 50 metros.
Era un partido de 10 contra 10. Porque mientras Pablo no la tocaba, al "6" (así lo llamaron toda la tarde desde las tribunas) no le interesaba en lo más mínimo intentar cualquier otra cosa que no fuera cumplir con la orden (valedera por cierto, pero por momentos exponiéndolo al ridículo) impuesta por el técnico Lemme.
Igual, Córdoba siempre buscó jugar. Si no era con Paredes arrancando por izquierda y a veces hasta flotando en tres cuartos, era con Pizzella por derecha. Pero ni con el gol del propio Pizzella, a los 33', la cosa pudo abrirse.
Lo poquito que insinuó San Telmo fue muy bien contrarrestado por las buenas actuaciones de Farré (lo más parejito de la cancha), Jorge Del Bono y Francisco Cruz. Y Córdoba siempre quiso algo más, pero las faltas, muchas de ellas con mala intención (todas pasaron inadvertidas para Azpiolea) obraron como freno.
Y no hubo mucho más. A los 29' salió Bezombe (se fue aplaudido), a los 40' lo echaron a Castiglione (se fue muy insultado) y cinco más tarde Del Bono también marchó a las duchas.
Salvo alguna que otra jugada, el fútbol faltó a la cita. Esta vez no hubo lujos ni goleada, pero sí un compromiso y un convencimiento de que se está en condiciones de ofrecer un menú más amplio. La paciencia y el aplomo para pilotear un partido complicado ayer fueron los principales ingredientes.
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