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 sábado, 05 de agosto de 2006  
Una educación basada en el respeto a la participación del niño
El pedagogo Ovide Menin rescata el trabajo precursor de la maestra rosarina

Lo que ahora parece algo sencillo, para la época en que le tocó actuar a Juana Elena Blanco no lo era. De allí que el doctor en psicología y educador Ovide Menin advierte que la maestra rosarina fue sin dudas una precursora. Sencillamente, porque se animó a llevar adelante una experiencia educativa en la que el niño tenía especial protagonismo, además de una preocupación central por pensar una escuela diferente para los chicos pobres.

El oficio de Juana Elena Blanco se identificó con el movimiento conocido como Escuela Activa, cuyos referentes más difundidos en la región son las hermanas Olga y Leticia Cossettini.

El profesor de la UNR menciona que esta corriente pedagógica conocida como Escuela Activa tiene sus orígenes en Inglaterra, a fines del siglo XIX, pero que es sobre todo en la Europa continental de habla francesa (Francia, Bélgica y Suiza) donde alcanza su mayor desarrollo.

-¿Y cuál es la filosofía que identifica a la Escuela Activa?

-Su filosofía es el respeto a la participación activa del niño en el proceso de aprendizaje. Una idea concebida a la luz del positivismo de ese entonces. Es de avanzada si se piensa que en ese momento el concepto de niño era el del niño quieto. La Escuela Activa admite el movimiento en el chico, de alguien que participa activamente, y donde el trabajo manual adquiere relevancia. Dicho ahora parece una simpleza, pero para aquel entonces, para la escuela del silencio, del permiso que el chico debía pedir constantemente para moverse y hablar, era revolucionario. De cualquier manera, ese principio de participación activa tiene todavía vigencia. Y justamente la escuela de Juana Blanco centra la educación en la actividad y en la producción de materiales que le permitan ganarse a los chicos la vida. Era una precursora, porque pensaba en especial en los chicos pobres, en una escuela pensada para ellos.

-¿Y qué rescata hoy de la Escuela Activa?

-La necesidad de participación, la idea de construcción del propio saber, claro que enganchado en la tecnología de punta. Esto permite que algunos principios de la Escuela Activa puedan ser puestos en marcha, acompañados por algunas maestras de percepción aguda, a hacerlo participar al chico, valiéndose de estos recursos. Antes se trabajaba mucho con el herbario, con la construcción de mapas, con las excursiones. Hoy se puede trabajar con la tecnología de punta, con programas de simulación, para hacer y simular resoluciones de problemas, y sobre todo trabajar en la idea de construcción a través de distintas actividades.

-¿Si todavía se puede aprender de esta experiencia, la figura de Juana Blanco no invita a revisar el de otras educadoras no siempre reconocidas públicamente?

-En la provincia de Santa Fe, y en particular en Rosario, hubo iniciativas extraordinarias, registradas en los boletines escolares y en las revistas pedagógicas de la época. Muchos principios básicos de las mismas tienen vigencia, es decir la filosofía de la educación está vigente. Pero claro que necesitan una reconstrucción, para aprovechar esos nombres, esas mujeres que deberían enorgullecernos. Ese material debería ser revisado por las carreras de ciencias de la educación. Se trata de nombres y experiencias que en este momento del debate educativo nacional vienen bien, sobre todo para entrar en el rescate de estas grandes iniciativas que permitieran un enganche histórico. Es la gran oportunidad de hacer dos pasos atrás y avanzar, avanzar.


Perfil de una educadora
Ovide Menin escribió, junto a otros autores, el libro "Huellas de la escuela activa en la Argentina: historia y vigencia", de Laborde Editor. Y justamente recuerda que es la doctora de la UNR Zulma Caballero quien se dedica en particular a investigar la obra de Juana Blanco. También escribe un capítulo en el mencionado texto.

Así, en ese libro, Zulma Caballero destaca que "la Blanco", como se la conocía por ese entonces a la educadora rosarina, "forma parte del primer grupo de maestras recibidas en la Escuela Normal creada en Rosario en 1879". La investigadora de la UNR advierte que a Juana Blanco se la suele recordar como filántropa, por haber fundando la Sociedad Protectora de la Infancia Desvalida y por haber trabajado con niños pobres, "pero no se ha tenido en cuenta su influencia en la corriente pedagógica de la época".

Por eso, Caballero señala en el libro "Huellas..." que "Juana Blanco comparte ese implacable olvido histórico con muchas maestras". Dice también que "se desconoce, o se omite, que redactó el Perfil del Maestro, utilizado en varios países como modelo de las características que debía reunir un educador comprometido con las necesidades y requerimientos de la sociedad".

Caballero recuerda las críticas de la maestra rosarina "al proletariado intelectual enemigo de la democracia, que con sus prácticas políticas y su empleomanía anulaban, a su entender, las fuerzas dirigidas hacia la producción nacional".

Entendía, así, que la escuela debía ser la que proporcionase "fuerzas para la producción, despertando en cada alumno, hombre o mujer, deseos de participar como una colmena de laboriosos, mediante una actividad estimulante que se traduzca en trabajo". Propone -dice Caballero- una educación integral y "sus escuelas de oficio aparecen como el verosímil paradigma de una sociedad laboriosa y democrática".

Hay más. Algo que la define también como un modelo docente para todos los tiempos. Una revista pedagógica publica una evaluación de su trabajo con estos conceptos: "Se trata de una maestra afamada por sus aptitudes y por su inteligencia, muy capaz, sí así se lo impone, de colocar a su escuela a gran altura. No todo el personal que la secunda es suficientemente idóneo, pero bajo la dirección de la señorita Blanco todas sus maestras pueden llegar a serlo".
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