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 sábado, 26 de noviembre de 2005  
Portador de HIV reclama hace 10 años una indemnización

Un enfermo de sida internado en una clínica porteña y al borde de la muerte continúa esperando por un fallo de la Justicia, en una causa que -a raíz del contagio de la enfermedad- inició hace más de diez años.

El paciente Miguel Angel Rodríguez padecía, a mediados de los 90, una enfermedad denominada aplasia medular severa, para la que le fueron ordenadas una serie de transfusiones de sangre previo a una operación de trasplante de médula ósea a la que debía someterse en Israel.

Rodríguez recibió más de 300 transfusiones de sangre, la mayoría de ellas en una clínica privada a la que fue derivado en su calidad de afiliado a la obra social de los mercantiles (Osecac) y en alguna de ellas, según establecieron dos jueces de primera instancia, se contagió el virus HIV.

El paciente inició una demanda por daños y perjuicios el 2 de marzo de 1995 y casi siete años después, el 4 de febrero de 2002, obtuvo sentencia favorable del juez en lo Civil y Comercial Carlos Alvarez, quien condenó a Osecac, a la clínica y a un médico a indemnizarlo con 350 mil pesos.

Poco más de un año después, el 15 de abril de 2003, la Sala Segunda del fuero anuló la sentencia, aún admitiendo uno de los jueces, Ricardo Recondo, que ello implicaría "una demora adicional en un expediente que lleva ya varios años de trámite, máxime teniendo en cuenta las precarias condiciones de salud del accionante".

La causa volvió a primera instancia y el juez Francisco de Asís Soto volvió a fallar a favor de Rodríguez, aunque redujo el monto de la indemnización.

El fallo fue nuevamente apelado y el 10 de febrero pasado ingresó a la Cámara Civil y Comercial federal, donde permanece a la espera del dictado de sentencia.

Actualmente, Rodríguez se encuentra hospitalizado, gravemente enfermo y con riesgo de muerte, en la Clínica Medina, ubicada en Saavedra 1039 de la Capital Federal.

El abogado de Rodríguez, Gustavo Soler, explicó que "este hombre se está muriendo. Como tiene sida -y no por su culpa-, se quedó sin trabajo y prácticamente sin medios para subsistir. Si le hubieran pagado el resarcimiento cuando correspondía hubiera podido afrontar un tratamiento costoso con posibilidades de salvarse. Ahora probablemente sea tarde". (DYN)
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